miércoles, 26 de agosto de 2009

Diablada: diferencias entre la de Puno y la de Oruro


Enrique Cuentas Ormachea


De acuerdo a la clasificación universal admitida por Carlos Vega, La Diablada es una danza colectiva, ejecutada por un grupo de hombres y mujeres quienes, sin formar parejas, efectúan diversas evoluciones (rondas, filas, escuadras, etc.).

La Diablada puneña es la danza ejecutada por sicu-morenos, al son de huaynos sincopados, que está más próximos a las raíces telúricas, y que poseen rituales más profundos entorno a la pachamama en donde anchanchos y chullchuquis (diablos) conviven en armonía con los hombres, son parte también del mundo, actualmente el único conjunto que presenta la auténtica Diablada Puneña es la del barrio Mañazo.

Como simple referencia transcribo las versiones por el Dr. Carlos Roselló Cornejo, director de la “Agrupación Puno de Arte Folklórico y Teatro”, la del profesor Manuel C. Terán y la del músico Manuel Acosta Ojeda. Todas son interpretaciones personales, sin referencia a fuentes de investigación. Cornejo dice: “Hasta donde hemos podido averiguar el origen de la “Diablada Puneña” se pierde en la oscuridad del pasado. Se cree que si no fue originada por las sangrientas disputas entre “vicuñas” y “vascongados”, por lo menos recibió un tremendo impulso a consecuencia de ellas y tuvieron en Laycacota, Atuncolla, Lampa, Azangaro, etc. Su escenario de violencia. Su presentación clásica, por los habitantes del barrio Mañazo en la fiesta de la Candelaria, es tradicional desde la pelea que éstos tuvieron con los del barrio Orcapata quienes a partir de esa fecha, se separaron para presentar la “Morenada”. Luego de referirse ligeramente a la música y personajes concluye manifestando “el único punto de similitud entre la “Diablada Puneña” y la famosa “Diablada de Oruro”, se encuentra en la vestimenta y esto sólo en forma parcial” (De un programa impreso por la Universidad Nacional de Ingeniería- Dep. de Extensión Cultural-Lima.-agosto de 1966).

Terán dice: “La religión católica sustituye a los dioses del incario con la corte celestial poblada de ángeles y querubines. El Indio vanamente trata de encontrar su Angel. Convencido que allí también hay discriminación, busca en el mundo de la fantasía uno que sea la expresión pragmática de acomodo al nuevo formalismo a que está obligado para satisfacer, a manera de dualismo, ambas creencias.- Las causas que motivaron la picardía y suspicacia del aborigen para buscar el Angel que frente al del español le sirviera de pretexto para exteriorizar su protesta y rechazo originando la tan singular figura, estaría en los “mitayos” que los encomenderos necesitaron para trabajar las minas de la rica región aurífera compuesta por los afluentes del Tambopata y el Inambari que forman la provincia de Carabaya…” Y continúa “Aparece en los conjuntos una nueva figura que originalmente le llamarán “sajjra”, personajes híbrido de traje español y símbolo indígena. El vestuario se va enriqueciendo en lugares próximos a los campamento mineros de la colonia, dependen más de la economía del danzarín que de otros factores; también la careta recibe modificaciones que caracterizan con más autenticidad el deseo de venganza del mitayo, aumentando no sólo en vistosidad, sino que se hacen más incisivos en su sátira al español, sustituyendo el nombre de “Sajjra” con el “diablo”, que danza al son de la “siku-phusa”. Luego de referirse a aspectos de la música, sin ninguna connotación técnica, hace una ligera descripción del “disfraz” con una interpretación muy personal de su significado. “Ahora pasamos al disfraz del conjunto de la diablada. Antes recordemos que es un personajes creado por el indio mitayo que representa a su Ángel frente al Ángel de la Guarda español”. Dice que la capa o manto “bordada en oro y plata y piedras” (?) con lujo de ostentación “recuerda la opulencia, fastuosas y magnificencia del incario” y que “el pollerín que cuelga en apéndices sería el uncu” desgarrado por el trabajo (?). Luego asevera que “El español encomendado era para el mitayo un hombre malo, perverso, grosero, fiero, vándalo, cruel, sanguinario, brutal, sádico e inculto, por decir poco; tal como la miraba lo representa en la careta” (?). Finaliza su interpretación manifestando “La música, el vestuario, la careta y la danza son expresiones de la capacidad creadora del pueblo, auténtico exponente de la raza kolla, que evidencia el grado más alto de sentimiento creador en la música y su fantasía es maravillosa en el vestuario que es deslumbrante, le da vida a la imagen que crea la figura del diablo tipificando el Encomendero español. (?) Los fragmentos de la interpretación de Terán Macedo son evidente producto de la fantasía del autor y no descansan en ninguna base seria, por lo que se han transcrito con interrogantes. (El trabajo está publicado en Suplemento Dominical de “El Comercio” – Lina, diciembre 1974).

Finalmente Acosta Ojeda, dice, “La Diablada puneña es muy diferente a la famosa Diablada de Oruro, Bolivia, su único parecido es en la ropa. Cuenta la leyenda que en los yacimientos mineros, junto con el oro, la plata y otros metales preciosos descansan feroces guardianes con forma de demonio. Los hay hembras y machos, y cuando los mineros se van acercando a la veta más rica, aparecen en el socavón y exigen para calmarse, un sacrificio. En Puno los principales mineros españoles eran los “andaluces” o “vicuñas”, los mismos que se supone crearon la famosa diablada. Seguramente para aplacar la ira de los “espíritus diabólicos”, que causaban derrumbes en los túneles, y para halagar la vanidad de los “diablos”, se visten con máscaras y ropa lujosísimas imitando la cara y el cuerpo del demonio” (?). Luego hace una ligera descripción del traje de los “Diablos Principales”, las “China diabla” o “Supay-china” los diablos menores, el “viejito” y alude a las demás figuras que dice se incrementan año tras año, concluye manifestando “Se danza con un huayño, muy sincopado, tocado con zampoñas o sicus, acompañado por tambores, bombo, platillos y triángulo” (Puno: una diablada de música y danzas”.- Manuel Acosta Ojeda.- Diario “La República”- Lima, 28 de noviembre de 1982).

Como indicamos al comenzar este apéndice no hay referencia alguna a fuentes de investigación, tratándose de interpretaciones y relatos muy personales de sus autores. Así, La Diablada, según el criterio de Kart Sachs es una danza de armonía con el cuerpo de género de expansión o abierta y de la especie de danzas de salto, que son aquellas, en que el cuerpo, en forma forzada, rompe la fuerza de gravedad. Todas estas características se refieren al movimiento y desplazamiento ejecutados por los bailarines.
Según Fortún se trata de una danza masculina mimética, o de imagen “en la que los bailarines precisan deshumanizarse para que penetrando en los arcanos de lo mágico, puedan obtener el éxtasis de dominar e identificarse con los personajes del averno que representan”. Según la autora es una “danza extrovertida”, “coral espectacular, además del éxtasis místico” pues el bailarín pretende tanto identificarse con el demonio, como recrear al público espectador. Coincidimos con la autora al señalar que constituye un verdadero ballet popular por la variedad y perfección de la coreografía ambulatoria y la vistosidad de los trajes.
Según nuestra clasificación, La Diablada es una danza mestiza, urbana, mágico-religiosa. Es mestiza no sólo por el estrato social que predomina en ella (indígenas aculturados, mestizos propiamente dichos o cholos), sino además por la amalgama que se produce en la coreografía y vestuario en que mezclan elementos foráneos y autóctonos. Es urbana por el área en que se da y la ocupación de sus intérpretes (artesanos, obreros, comerciantes, profesionales), presentándose además en coliseos (estadio) y plazas de las ciudades. Es mágico-religiosa porque el personaje une al ancestral temor pagano por los seres maléficos –simbolizados por el diablo– su reverencia a la Virgen, expresando su respeto a los símbolos católicos. Es mimética, según lo anotado por Fortún, pues el bailarín se deshumaniza al colocarse la máscara y los atuendos; además es del tipo de danza extrovertida.

Lo anotado diferencia La Diablada de las danzas autóctonas. Estas son cerradas, predomina el paso “A Terre” y las evoluciones en su mayoría son rondas o círculos con que alternan el avance, que se realiza en una o dos filas, y la vuelta en “U”. En cambio La Diablada es una danza de salto, como diría Sachs. Sus antecedentes más remotos podrían encontrase en los personajes representados en la Portada del Sol en Tiwanaco o en los que adornan los ceramios mochicas, y hasta quizás en los “Diablillos enmascarados” grabados en un bastón de la época de las cavernas, descubierto en la Dordoña francesa; en épocas posteriores podrían existir analogías con los “Skairontes” de la cultura griega y las “Pirricas”, “Lupercales” y “Saturnales” de Roma, y es que la imagen del mal se ha representado en todas las culturas, ese es un paralelo universal, quizá esta danza también lo sea, ya que el bien tampoco es patrimonio de alguien en especial, el hombre es el escenario en el que el mal y el bien luchan por imponerse, estos también son los motivos de esta danza.

La simbología y espectacularidad de la danza impresionan vivamente. José María Arguedas dijo: “Es la danza más espectacular, de las más simbólicas, en la que los personajes lucen los trajes más brillantes y múltiples. El público deliró con esta danza”.
Sebastián Salazar Bondy comentó: “Es grave y mitológica”, “la música y la danza hablan por sí solas impulsando el lenguaje del cuerpo y el ademán. Prosigue: “La diablada es una de las más deslumbrantes danzas de Puno. En ella desfilan los demonios, los arcángeles, los animales feroces y el esqueleto de la muerte, como en el cuadro de Jerónimo El Bosco “Las tentaciones de San Antonio”, donde cielo y tierra, como en un ritual, se aproximan, hasta tocarse y confundirse en una sola mágica visión”.

Existen diferencia entre las danzas de Bolivia y Puno, como lo demostraremos. Los personajes se han ido incrementando en el decurso del tiempo, tanto en una como otra modalidad de Diablada. Los personajes principales representan a Satanás y a Lucifer. En la diablada de Bolivia se les llama “Diablos Reyes”; en la de Puno se les denomina “Caporales” por la vistosa capa que usan como parte del atuendo. Otro personaje importante es el Arcángel San Gabriel.

La “China Supay” es la mujer que acompaña a los diablos príncipes o reyes, representado a la impenitente tentadora de los hombres. En Puno se le conoce como “Cachu-diabla” y representa, a través de la ejecución de movimientos libidinosos, al mundo, el pecado y la carne.

Durante mucho tiempo el único personaje femenino que intervenía en La Diablada fue la “China Supay” pero, a partir de 1940, una corte de “China Diablas” acompaña a la principal, completando el acompañamiento coreográfico. Integran el conjunto los “Diablos Menores”, quienes desarrollan una disciplina coreografía.

En la Diablada Boliviana se incorporan algunos personajes que representan animales de fuerza poderosa como el león, el cóndor y el oso. En cambio, la diablada Puneña, incorporó tanto personajes humanos como animales. Entre los primeros, denominados “Figuras”, se halan “El viejito”, “El piel roja”, “El mexicano”, “Supermán” y otros captados, como los anteriores del cine. La representación de animales se refieren al gorila, oso, león, elefante y otros cuadrúpedos de la fauna tropical, así como algunos de la andina, tal es el caso del cóndor y la llama. Parece que con estas figuras quisieran simbolizar el rito de la creación, lo que implica también la asimilación de otras culturas, de otras costumbres, de otras formas culturales. También se incluye un esqueleto danzante, que simboliza a quien, tras la muerte, lleva al hombre a comparecer al Divino Tribunal. Si ha realizado buenas obras, lo entregarán al Arcángel, pero si es pecador lo llevará el demonio. “El viejito”, caracterizado como un anciano virreynal, simboliza al dueño de la mina en la que habita el diablo.

El vestuario manifiesta influencias europeas y asiática. Primero nos referimos al traje y, luego, a la máscara y otros elementos que completan el atuendo de los diversos personajes. Así los “Diablos reyes” o “Caporales” representan, como se ha dicho, a Lucifer y a Satanás. Su indumentaria es lujosa e impresionante: Camiseta de algodón de mangas largas, originalmente de color blanco, aunque en el último cuarto de siglo suele ser también de otro color: rojo, azul, rosado o verde. Lleva calzoncillo largo del mismo color de la camiseta. Porta una pechera recamada en hilos de plata y llamativa pedrería; en su parte inferior flecos de plata. La pieza va sujeta al cuerpo mediante cintas. Lleva al cinto una hermosa faja ancha, bordada con hilos de plata y adornada con pedrería y monedas de plata; a la cintura lleva un faldón dividido en cinco partes, semejando hojas lobuladas, bordada con hilos de plata y recamada con piedras de fantasía y lentejuelas; tiene medias del mismo color del calzoncillo, botas blancas, rojas o azules, ribeteadas con adornos contrastes. De sus hombros pende uno a dos lujosos pañuelos grandes de seda, que caen en forma triangular sobre la espalda; son de color entero muy vivo; deben guardar armonía con el traje y a veces llevan figuras estampadas de dragones. Los guantes blancos llegan hasta la mitad del antebrazo. Antes portaban un tridente que posteriormente sustituyeron por una boa y, desde hace cinco lustros los reemplazaron por pañuelos que, en cuanto a color, guardan armonía con el resto del atuendo.

Actualmente solo los diablos mayores llevan un ofidio enroscado en la mano derecha, mientras que con la izquierda sujetan un pañuelo de color vivo. Los de comparsa sólo portan pañuelos en las manos. Completa el vestuario una capa de terciopelo ricamente bordada con hilos de oro y plata y adornada con piedras de fantasía; termina en una flecadura recamada con hilos de metales preciosos y una esclavina del mismo material de la capa. Este es el atuendo de los Diablos Reyes o Caporales que representa a Lucifer y a Satanás. Los diablos de la comparsa llevan trajes parecidos, a excepción de la capa y la esclavina. Las máscaras que portan los diablos mayores son impresionantes, de “belleza monstruosa” Llevan gran número de adornos, sobresaliendo siete pequeñas caretitas que simbolizan los pecados capitales. En la parte superior porta una corona; esta denota la influencia occidental ya que existe cierta semejanza con el atuendo de los monarcas del medioevo y algunos que aún se utilizan como traje ceremonial en Inglaterra. Una cabellera rubia, que le cae hasta media espalda, completa el tocado.

Las máscaras de la Diablada, tanto las de “Caporales” como de “Comparsas” son –en afirmación de Lisandro Luna– “expresiones terroríficas que han alcanzado la perfección”. Porque en ellas “…Hay tanta fuerza sobrehumana, tan hondo en todo de la monstruosidad, que dan idea cabal del personaje mítico que representan”. Las caretas llevan ojos luciferinos de forma esférica que emergen de las cuencas de las órbitas, a manera de ojos de rasgos fisonómicos, especialmente nariz y boca, están horriblemente deformados. Sobre el rostro llevan reptiles de la fauna regional (lagartos, culebras y sapos). Hasta hace unos treinta años dejaban ver, sobre la boca, unos enormes dientes deformes semejantes a los colmillos del jabalí (se debe considerar que este artículo fue escrito en 1978, por lo tanto, los treinta años a los que alude el autor deben sumarse los 39 que corren hasta el 2009, es decir 69 ó 70 años).

Posteriormente, por influencia de los artífices bolivianos, los colmillos tradicionales han sido reemplazados por otros de cristal decorado o espejuelos. Igualmente los reptiles nativos han sido sustituidos por dragones, apoyados sobre sus propias patas, que emergen de entre los cuernos; éstos que en un comienzo eran puntiagudos o gruesos y romos, fueron sustituidas posteriormente (aproximadamente hace medio siglo,-igualmente hay que sumarle 39 años, 89 años) por cuernos retorcidos que, al igual que los dragones que adornan la máscara, denotan influencia asiática, teniendo cierto parecido con las máscaras tibetanas y con las de algunas culturas prehispánica (Sechín, Chavín, Nazca, Mochica). Completa la máscara orejas dentadas, como de animales mitológicos.

El colorido de las máscaras es muy llamativo. Las primeras tenían un color vivo (rojo, rosado, verde) que las cubrían casi completamente. Hoy estos tonos han sido sustituidos por gamas en las que cabrillea el espectro solar que los artífices parecen querer representar en las máscaras. Los colores se colocan en los ojos, las orejas y, en fin, en diversas partes de la careta, de cuya parte superior emerge un hipogrifo mitológico adornado también con una gama de colores. El artesano constructor de las máscaras pareciera querer representar el vicio y el pecado, interpretando en la máscara las formas como lo concibe, que se expresan en todo el proceso de confección; el modelado, la escultura, el matiz de colores, donde el artífice popular manifiesta su rica fantasía, su sentido de la deformación y su depurada técnica expresiva.

En las versiones primigenias de la danza las máscaras eran confeccionadas por los mismos danzarines, eran diversas y no uniformes. Poco antes de 1950 las máscaras de Diablada procedían del taller del mascarero boliviano Antonio Vizcarra. A partir de 1956, los artesanos puneños Alberto y Ramón Velásquez incursionaron en este arte perfeccionándola en forma admirable hasta alcanzar un barroquismo desconcertante en la que los elementos foráneos sufren una transformación de acuerdo a la inspiración nativa. Los materiales para su construcción también han ido modificándose. Se partió del yeso y el “papier mache” en base a una mezcla de papel periódico y cola disuelta, hasta la hojalata y la incorporación de materiales plásticos que aligeran el peso de la careta, permitiendo llevarla por más tiempo. Un famoso taller de máscaras es el perteneciente al maestro Percy Camacho.

El bordado de los trajes ha motivado la formación de “maestros bordadores” altamente especializados. Estos llegan casi a un centenar en La Paz, Bolivia, y están agrupados en un sindicato. Hacía 1970 surgieron en Puno, los llamados “Talleres de trajes de luces” dedicados a la confección de atuendos de diablada, morenada, cullahuada, y llamerada. Los talleres más conocidos son “Virgen de la Candelaria” de Ernesto Núñez Reyes y familia, y el de la familia Quisber, no obstante su existencia, durante las festividades muchas comparsas de Puno alquilan trajes en los talleres de La Paz.

La “China Supay” o “Mujer diabla” es generalmente un varón que va disfrazado. Viste blusa de seda –que suelen llamar “matiné”– esta prensa lleva “bobos” o “blondas” en la parte delantera. Su largo llega más debajo de la cintura, manera de faldón. Sobre la parte superior de la blusa suele llevar, cruzada a la bandolera, una esclavina bordada. Completa el atuendo una pollera de chifón de seda; botas de media caña y largas trenzas a manera de cabellera femenina. La careta, rematada en pequeños cuerpos, tiene aspecto lujurioso. La nariz respingada termina en punta, las fosas nasales están deformadas; los ojos son vivaces y van orlados con largas pestañas. Varias viborillas parecen discurrir sobre su frente y mejillas. La boca parece sonreír, dejando entrever los dientes de espejeante brillo. En la testa lleva una pequeña corona. El artesano fabricante debe traducir en la máscara el sentido de la tentación pecaminosa. La “China Diabla” o simplemente “China” se introdujo como personaje en la danza a partir de 1960. Integran el conjunto coreográfico en número que va entre cinco y diez. Su atuendo consiste en blanca blusa de seda, con largo de faldón; esclavina bordada de color cruzada a la bandolera; pollera de terciopelo rojo que llega hasta la rodilla o un poco menos, colocada sobre enaguas almidonadas que dan a la pollera forma acampanada; botas de media caña, doradas o plateadas; colocadas sobre medias de seda. Cubren la cara con un antifaz de vivo color, que a veces no utilizan. En ambas manos agitan pañuelos de seda de color blanco. Sobre la cabeza llevan una pequeña corona dorada. Por lo general, las “chinas” son bellas jóvenes que bailan moviendo graciosamente las caderas.

El Arcángel San Miguel se viste de acuerdo a la representación religiosa de este personaje: largo jubón, rematado en flecadura metálica bordado con hilos de oro y plata, adornado con pedrería. Doble faldón en colores blanco y celeste recamado con lentejuelas y mostacillas. Blusón blanco abullonado, bordado con lentejuelas. De la parte posterior del blusón emergen dos alas; su estructura se hace a base de alambre delgado y se recubren con fina gasa. La superficie de las alas se adorna con hilos de oro y plata, más pedrería. La cabeza ya cubierta con un casco metálico, parecido al de los centuriones romanos. En la mano derecha porta una espada curvilínea y con la izquierda sostiene un escudo, que antes fue un espejo. Las piernas van cubiertas con largas medias blancas que llegan hasta debajo del blusón. Calza botas de media caña de color blanco con adornos en rojo. Sus manos se cubren con guantes blancos.

El Viejito” representa –como se ha dicho– a un personaje virreynal. Viste levita recamada con hilos de oro y plata, adornada con pedrería. Lleva pantalón de terciopelo, largo y ajustado. Se cubre la cabeza con una peluca blanca, con fino sombrero de paja adornado con tafilete elegante. Cubren las manos un par de guantes blancos. Calza zapatos negros de cuero fino. En la mano derecha porta un latiguillo y en la mano izquierda un pañuelo de seda. Complementa el atuendo una careta con rostro de anciano bonachón que, en la boca, deja entrever una hilera de dientes dorados y plateados.

Los personajes animales llevan trajes y caretas similares a sus representados. Los personajes extraídos del cine y la televisión, imitan en la vestimenta a dichas personas.

Son características de la Diablada Puneña los personajes que representan al viejito, los del cine y la televisión y los de la fauna andina. Desde una perspectiva antropológica, los trajes de diablos y su ornamentación acusan procesos de aculturación y transculturación en una simbiosis de elementos foráneos y nativos.

El diablo europeo, caracterizado por rostro de fauna con cuernos, puntiagudos, traje rojo con larga cola, cascabeles en los pies y portando tridente en la mano, es transformado con elementos, aborígenes propios de las culturas peruanas de Moche, Chan-Chan, Nazca y Tiwanaco. Posteriormente se le han incorporado otros elementos de influencia asiática. La intención del artesano y del coreógrafo de las Diabladas Bolivianas y Puneña es el sugestionar, impresionar y aterrar a los espectadores, quienes quedan absortos en su contemplación. Con estos elementos el danzante se siente transfigurado en un personaje sobrehumano, denotando tanto en los creadores del atuendo, como en los coreógrafos bailarines y espectadores, la exuberante del mestizo, he herencia ancestral de sus antepasados.


La Diablada Puneña hasta 1965, fue todavía diferente de la boliviana. La transformación se debió a que el grupo de llamado como los “Vaporinos” empezó, en la década de los 20, a introducir elementos bolivianos; sin embargo todavía se hacían acompañar por una banda de “Sicu-Morenos”, compuesta por instrumentistas de sicus o zampoñas que se acompañaban con un bombo, una tarola o redoblante, un par de platillos y un triángulo. Este grupo musical ejecutaba huaynos de ritmo sincopado, a cuyo compás bailaban diablos caporales, diablos menores, chinas diablas y demás “figuras” que acompañaban (“Viejito” “negro jetón”, “apache”. “león”, “murciélago”, “cóndor”, “oso”, “gorila”, “jirafa”, etc.).

La coreografía era más sencilla que la de diablada boliviana. Los “Caporales” danzaban majestuosamente; levantaban un poco los codos para desplegar la capa a todo lo ancho; avanzaban al compás de la melodía, levantando ligeramente –en forma alternada– el pie derecho y el izquierdo, que cruzaban delante de la pierna contraria, a la altura de las canillas. Los caporales se desplazaban por el centro del corro. Los diablos menores iban delante de los caporales., dando saltos acrobáticos sobre uno y otro pie, alternando cada tres pasos con una vuelta a la derecha y otra a la izquierda. Las chinas diablas alternaban con los diablos menores, danzando en forma parecida. A veces se desplazaban hacia el público espectador y, frente a él, se levantaban la falda, por delante o por detrás dejando entrever las piernas en ademán lujurioso. El viejito y los demás personajes imitaban los movimientos.

Al término de la danza, la melodía concluía en una fuga de compás acelerado. La comparsa se complementaba con los músicos, “sicu-morenos” que, ataviados con trajes de luces, iban tocando, formados en dos columnas detrás de la cuadrilla, así se inició con el famoso cacharpari, aunque existe una versión lisonjera en la que se alude a un rico comerciante de apellido Pari, muy conocido en nuestro medio, quien habría luego de pasar su alferado ofrecido una verdadera bacanal.

Antes de iniciar la danza, la Diablada Boliviana, solía presentar una farsa dialogada denominada “Relato”. Esta costumbre ha desaparecido paulatinamente. Se trata de un diálogo que se entabla entre el grupo de diablos, que representaban a los Siete Pecados Capitales, y el Arcángel que los combatía. Obviamente tiene como trasfondo religioso la concepción de la lucha entre el bien y el mal, lo que demostraría la relación con el adoctrinamiento jesuita que se inició desde Juli.

A manera de ilustración exponemos el resumen de un relato, según versión que elaborara para la Diablada de Oruro Rafael Ulises Pérez; comienza así: “El fondo de la representación no es otro que aquel pasaje bíblico de la “rebelión de los diablos”, en las sucesivas de la eterna lucha entre el bien y el mal. De base esencialmente moral, la obra tiene una finalidad sugerente al evidenciar un tema religioso dentro del ambiente vernáculo de nuestro pueblo. Al hacer la versión de la Diablada hemos seguido la inspiración de su autor, respetando la forma y conservando el léxico de por sí superior para nuestra época, muy dada de si y muy presumida. El pasaje se inicia con el diálogo de dos poderosos ángeles, uno que representa la armonía (San Miguel) y el otro el descontento y la amargura (Lucifer). El punto donde tiene lugar la entrevista y controversia está en el linde mismo del averno, sitio donde la “Diablada” ha irrumpido en son de guerra.- Al llamado del Arcángel Miguel acuden las legiones celestiales y allí se produce la primera batalla que es ganada por los demonios. Estos invaden la tierra para exterminar el cristianismo y vuelve a producirse la guerra frente a los mortales que espectan temerosos esta pugna de gigantes, Quién decide la victoria a favor de los ángeles es la Virgen del Socavón patrona de los mineros. Al finalizar, los diablos salen derrotados y deben sufrir la ignominia de confesar sus pecados”.

Luego describe el lugar donde se enfrentan el Arcángel San Miguel y Lucifer acompañado de Satanás, quienes inician su diálogo en forma recitada.

El primer acto concluye con la amenaza de los diablos para invadir la tierra. Dice Satanás: ___ “Al perder la gracia de Dios estoy desterrado a estos parajes tristes donde todo es llanto. Y aquí estoy con Lucifer y con las hordas demoníacas, pero te combatiremos Miguel para luego vencedores ir a la conquista de los incautos corazones humanos, fáciles de convertir al mal. Seremos reyes coronados del gran reino de la maldad”. Y el coro de diablos contesta con gritos de religión. “Si, si seremos reyes de la maldad. Arr, Arr…”.

El segundo acto representa la llegada de los diablos a la tierra. “Formados en grandes batallones han invadido los pueblos y las ciudades ansiosos de dominar a los hombres. El Ángel San Miguel apresuradamente ha reunido las milicias celestiales para hacer frente a las avalanchas demoníacas que librando tremendas batallas se abren paso hasta llegar a la ciudad de Oruro. Allí libran la última batalla, siendo derrotados finalmente por los ángeles a quienes acaudilla el Ángel Miguel”. La escena representa la entrevista de San Miguel con los diablos mayores Lucifer y Satanás, quienes ya derrotados están rodeados por las legiones de ángeles.

En el acto tercero se produce la humillación de los diablos mayores y los que representan a los pecados capitales: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza, así como la diabla; todos ellos van al infierno. Termina así: “Voces del pueblo. Señor, líbranos de todo mal y perdónanos todos nuestros pecados. Amén. Mamita del Socavón venimos a pedir a tu santa bendición para ahora y en la hora de la muerte, amén.

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