sábado, 4 de junio de 2016


JULI O LA UTOPIA DE LA COMUNIDAD CRISTIANA BAJO UN RÉGIMEN COLONIAL Limitaciones y proyecciones (de Arquitectura del altiplano peruano, de Ramón Guiérrez, Carlos Pernaut. Graciela Viñuales, Hernán Rodríguez Villegas, Rodolfo Vallín Magaña, Bertha Estela Benavides, Elizabeth Kuon Arce y Jesus Lambardi), equipo liderado por el gran Ramón Gutiérrez, texto reeditado y publicado por la Universidad Nacional del Altiplano. texto editado con la autorización de los autores Editor: José Luis Velásquez Garambel Curador: Walter Segundo Díaz Montenegro Editor Gráfico: Moises Bustincio Cahui Digitalización y revisión de maquetas: Juan Condori Chambi
fotografía tomada de: https://www.google.com.pe/search?q=TEMPLOS+DE+JULI&biw=1366&bih=667&source=lnms&tbm=isch&sa=X&ved=0ahUKEwjNnbjnzI7NAhVKfiYKHTgyD0YQ_AUIBigB#imgrc=A8hA4Y51nq1S8M%3A La experiencia de Juli fue vital para potenciar el logro más acabado del apostolado jesuítico en América, las Misiones del Paraguay99. Ambas experiencias desarrolladas en contextos di¬ferentes dieron obviamente frutos distintos, pero no cabe duda de que las limitaciones contextúales que sufrió Juli son las que posibilitaron corregir errores y aspiraciones en el Paraguay. Juli debió mantener formas de dependencia diversa, entre ellas de la orden jesuítica y ya hemos mencionado algunos desencuentros entre los Padres Provinciales de Lima y las realidades concretas de los misioneros. En lo político legal estaban sujetos al Gobernador de Chucuito quien dirimía rencillas y quejas cuando ellas no debían pasar a la Audiencia de Charcas. En la faz espiritual los misioneros estaban tambiér bajo la autoridad del Obispo de La Paz, demasiado cerca de la "corte urbana" española y demasiado lejos de los indígenas de Juli en diversas ocasiones. Otra forma de dependencia era el aislamiento, ya que en no pocas oportunidades el transitado camino tendía a destruirse en épocas de lluvia. En 1582 se indicaba tempranamente "que el camino que hay entre llave y Juli se eche por otra parte porque la calzada que hay en el dicho camino se deshace cada un año con la creciente de la laguna y por el camino que nuevamente se pretende de mucho rodeo y ser mayor el inconveniente del reparo de la calzada , no conviene torcer el camino ni hacer novedad"100. Ello exigiría sin embargo la servidumbre de los indígenas de Juli para reparar anualmente el camino. Nos hemos referido también a las limitaciones provenientes del medio físico agresivo, a las formas de producción y subsistencia y sobre todo el gran drenaje humano que significaba el servicio de la mita a Potosí. Además debemos recordar que "la jurisdicción religiosa de Juli se extiende a un rodeo de más de 100 horas por sobre las montañas más inhóspitas, ríos peligrosos, praderas inconmensurables, donde se encuentran la mayoría de los indios y sus familias cuidando sus rebaños, de modo que su sacerdote debe pasar por muchos obstáculos y sudores: "porque cuando se enferman debe acudir uno de ellos para asistirlos espiritualmente, oírles su confesión, darles la comunión y los últimos sacramentos"101. También señalaba el Padre Wolfgang Bayer, último cronista jesuíta de Juli, donde permaneció hasta 1766 que "las montañas, mesetas y praderas de esta región no producen casi ningún fruto salvo pastos para vacunos y ovejas. En cuatro millas de camino no se ve un árbol, salvo en pocos lugares donde crecen algunos en las laderas de las montañas por lo que para cocinar se usa bosta seca de vacas y ovejas, como en Arabia, y que los pastore; juntan por bolsas en las praderas y las venden en los pueblos". "A veinte horas de aquí se juntan grandes cantidades de ramitas que se traen para ser usadas únicamente para hornear pan y de los pequeños pinos que crecen a unas 25 horas de Juli hacen los indios carbón de leña que sirve para los saumerios de la Iglesia" pero que solo compran los herreros y plateros.102 Sigue Bayer en su descripción del medio físico y productivo de Juli. "Día y noche son iguales aquí. A las 12 horas de Juli hay una pradera muy famosa llena de ovejas indias con un radio de 9 o 10 horas rodeado por viviendas indígenas llamadas Ayancabamba. El camino del poblado a tres horas de distancia pasa por un lugar increíblemente hermoso, una angostura del río que llaman Uruculco, la angostura del pescador, al río mismo lo llaman el gran río Quenque. Este lleva muchos peces que llaman Suches y buenos para comer". Menciona también otras zonas de agua termales y de volcanes que dio tema para diversos mitos indígenas. Bayer presenta entre las condicionantes las fuertes tempestades de la Puna que con los temporales hace riesgoso el traslado en estas épocas. Seguidamente explica el complejo abastecimiento de Juli donde se trae todo de afuera porque "allí no crece trigo, ni vides, ni frutos". Cochabamba la surte de mucho y buen trigo". Lucumpa, Moquegua, lea, Pisco y Arequipa surten los poblados de las montañas con mucho vino, caña, aceite de algodón, pimienta india y frutas". Menciona que en las islas del lago también crecen "muchas flores de jardín que se compran para adornar los altares de las Iglesias en día de fiestas". Hemos delimitado con esta información las formas de producción y abastecimiento y las condicionantes al habitat en que se desenvolvía (y se desenvuelve aún hoy) Mi. También es necesario acotar que entre 1650 y 1750 se produjo una expansión de la producción minera en la región que el Padre Bayer precisa con nitidez. "Las montañas de esta zona son áridas por fuera pero llenas de plata por dentro; aún así fueron abandonadas por los españoles las minas de las montañas de Sulipucara, Caracollo, Yacari, Vilanyu, Sacata, Lurisa, Pichu, Concali, Sivicani y Harumbamba por haberse descubierto nuevas minas en Puno y San Antonio a pesar de que la de Harumbamba le dio al Rey de España en tres meses, tres millones de duros, como puede verse en los libros de contabilidad del Tesoro de Chucuito, que fue donde se fundieron las barras de plata. Estas vetas dieron abundante cosecha, hasta que los dos propietarios, enemistados por injusticias, fueron empobreciéndose hasta tener que pedir su comida diaria a la misión de Jesuítas. Yo los he visto morir en la miseria a ambos". Este relato parece aclarar que el auge de Laicacota y San Antonio de Esquiladle produjo una concentración de la producción minera y el abandono paulatino de otros asientos. Sin embargo, la actividad minera debió ser en general para el pueblo de Mi una actividad marginal a excepción de los indígenas que eran llevados a Potosí. En el excelente trabajo del padre Alfonso Echanove se describen algunas de las tareas complementarias que encaraban los jesuítas para con los indios obligados a tan duro tributo. Los religiosos de la Compañía en la época de la movilización de la mita provenientes de los diversos pueblos iban a Desaguadero y Zepita y "durante algunos días confesaban, socorrían y sobre todo consolaban a los infelices, cuya situación partía el alma"103. El problema de los mitayos se complicaba porque el número de participantes se mantenía estable y muchos indios desertaban de sus pueblos afectando así a sus compañeros que permanecían, ya que la mita no se aplicaba nada más que a vecinos de pueblos y no a transeúntes. Ello generó ya a fines del siglo XVII el abandono casi masivo de diversos pueblos sobre todo en el corre-gimiento de Paucarcolla. Los aumentos de tributos en esta época y la mortalidad creciente originaron diversas protestas indígenas y en 1676 "los indios uros y uritos que se habían retirado a la laguna de Chucuito y hechóse fuerte en los totorales y las ciénagas de desagües de ellos pusieron en gran cuidado a aquella Provincia y las circunvecinas por los crecidos robos y muertes que desde allí en los parajes y pueblos vecinos cometieron" obligando al Virrey Baltazar de la Cueva a tomar cuentas en el asunto. También puede recordarse las peripecias de los Salcedos en Laicacota y la refundación de Puno para pensar que aquellos fueron años de profundos conflictos en el Collao. En 1689 el Virrey Duque de la Palata ordenó una retasa y padrón general de la región y constató que en muchos pueblos había más indios forasteros que originarios "siendo la causa el huir del trabajo insuperable de las mitas", según expuso la Carta Anua de los jesuítas de ese año. El Virrey dispuso entonces para consolidar la faz impositiva y el sistema de mita "que se tuviesen por originarios todos los indios que se hallasen presentes en los pueblos de este reino, sin que por decir que eran forasteros pudiesen excusar del trabajo". Esta disposición era considerada por los jesuítas como "imposible de ejecutar sin que se experimente la total ruina de este reino y extinción de nuestra Santa Fe, pues se entraran y quizás ya se han retirado muchos indios cristianos a las tierras de los infieles y estos cerraran las puertas al Evangelio con mayor obstinación que antes y viéndose los miserables con tanto apremio, gimen y lloran y se deshacen sin poderlos nosotros consolar más que con ayudarlos a padecer, pues de interponerse nuestros megos o representarse algún inconveniente de los que todos conocen y han de conocer con el tiempo más claramente, solo porque lo propone la Compañía de Jesús ha de ser sospechoso y rechazado por los Tribunales y Jueces inmediatos". Tal era pues la "mala fama" que los jesuítas se habían hecho de "abogados" de los indígenas y tal era su impotencia para remediar tanta injusticia. Estas eran las limitaciones entre la utopía de una sociedad erigida sobre principios cristianos que, sin embargo, debía soportar la agresión externa basada en la negativa de los mismos. Juli fue una excepción en los poblados indígenas del Collao pues mientras todos los asentamientos perdieron entre la mitad y dos tercios de sus habitantes del siglo XVI, Juli tenía en el momento de la expulsión de los jesuítas los 12.000 indígenas que había en 1576 cuando ellos tomaron el pueblo. LA VIDA COTIDIANA EN JULI Las actividades jesuítas en Juli constaban de siete tareas esenciales según reseña Echanove: 1) El trabajo parroquial, 2) La predicación periódica o extraordinaria, 3) Enseñanza de la doctrina, 4) Misiones en la región, 5) Atención de la escuela, 6) Organización de la subsistencia, 7) Extirpación de la idolatría y los vicios del alcoholismo104. LA ENSEÑANZA En general estos temas han sido desarrollados. Quizás convenga, sin embargo, recalcar por su importancia algunas fases del proceso educativo. Echanove señala que "tanto en Juli como en Santiago de Cercado (Lima) se quiso aplicar desde el primer momento el criterio ignaciano de la formación de selectos, con vistas o obtener, en un futuro relativamentepróximo, el enorme fruto de la aceptación doctrinal por influencia de la misma jerarquía civil indígena. Se buscaba por consiguiente a los hijos de los caciques, de los que mucho se esperaba, para que al instante que ellos, educados y adultos, tomasen la vara de la supremacía en el Ayllu respectivo "facilitarían la disposición de toda la raza respecto al catolicismo". El plan educativo parece destinado —a juzgar por los resultados— a un fracaso, aunque deben hacerse cier-tas acotaciones. La primera es que la escolaridad fue más amplia, ya que la primera carnada fue de alrededor de 300 estudiantes, como se ha dicho. En un segundo lugar, los jesuítas rápidamente tendieron a un sistema de especializaciones cuando notaron que si bien el sistema de cacicazgos permanecía vigente, la actitud era carente de iniciativa y fuertemente pasiva, lo que inducía a formas paternalistas de conducción ante la carencia evidente de participación". Por ello juzga Echanove esta realidad como un fracaso parcial, pues las Escuelas de Juli no lograron dar a los indígenas "esa capacidad de integración en cadena, que es fruto básico y sustancial de la formación de selectos". Pese a ello el nivel cultural creció y Juli pudo mantener la riqueza y variedad de sus expresiones vitales. Ya hemos visto como las parcialidades indígenas de los Huancollas se agrupaban en torno a San Pedro, los yucas, Chambillas y Chinchayas acudía a la Santa Cruz, los Mochos a la Asunción y los Ayancas a San Juan Bautista marcando la existencia de seis troncos distintos cor sus propios caciques y con su ubicación geográfica y parroquial dentro del poblado. Esto se perdió en muchos pueblos del Collao cuando se estabilizó a los forasteros forzando nuevas vías de integración de comunidades y ayllus a fines del siglo XVII, pero Juli parece no haber sufrido particularmente el cambio. La enseñanza escolar comprendía básicamente el catecismo, la aritmética y el lenguaje y una especialización. Una de las primeras que se organizó fue la musical. Ya en 1602 se incorpora la enseñanza de instrumentos "como vigüelas de arco y orlos y otros géneros de ellas que tocan los indios con mucha destreza, siendo de todos estimada su música por la mejor que hay de indios en el Reino". La música no era meramente una actividad educativa y de capacitación, sino también un instrumento de persuasión y participación que auxiliaba efectivamente la acción de la catequesis en la medida que ayudaba a compenetrar el mensaje cristiano y a jerarquizar determinados actos litúrgicos. La representación teatral, como la que mencionáramos en la ocasión de la inauguración del templo de la Santa Cruz en 1607 es otro de los vehículos que los jesuítas utilizaron profusamente. Las festividades de Semana Santa, algunos de cuyos "pasos" y andas encontramos en los inventarios de Juli justifican la apertura a esateatralización que permitía la recreación de momentos cruciales del mensaje evangélico. Hn este sentido no arredraba a los Padres la representación en tamaño natural de las imágenes del Descendimiento y la Pasión como encontramos en el templo de la Santa Cruz o "de la Mesa de la Cena en un anda grande con los 12 apóstoles" como la que estaba en un almacén en el cementerio de San Pedro 105. La enseñanza del castellano no implicó en Juli la pérdida del idioma originario, antes, por el contrario, los jesuítas se esmeraron en difundir la lengua aymara y fomentar su aprendizaje en los propios religiosos de la Compañía de manera de facilitar su acción misionera. El desarrollo de la imprenta en Juli ayudó a esta extraordinaria acción divulgadora y demostró la capacidad de avanzada cultural de los jesuítas anticipándose en dos siglos al desarrollo de la imprenta en la región. ORGANIZACIÓN DE LA SUBSISTENCIA Ya hemos hecho referencia sobre los rasgos sobresalientes de la estructura económica y productiva de Juli. Ella se asentaba sobre la base de las antiguas formas de producción y de estratificación propias de la comunidad indígena. La persistencia de ayllus canalizaba los interlocutores válidos de los problemas decisionales a nivel interno y a la vez permitía la organización del trabajo a partir de las formas tradicionales de relación social. Dos problemas sustanciales se presentan en el momento en que los jesuítas se harán cargo del pueblo. El primero deriva de la mala administración de las autoridades religiosas que habían colocado a los indígenas en contradicción con los propios principios que les inculcaban: relajamiento de vida, acumulación de riquezas, abuso de autoridad, se unían a las propias actitudes coincidentes de las autoridades civiles y corregidores. En este sentido las visitas secretas de 1567 y 1574 son elocuentes y constituyen datos básicos para el reordenámiento estructural de los poblados. El otro problema radica justamente en la formalización del sistema de reducciones con la siguiente concentración de población y por ende modificativa de las antiguas pautas productivas y la imposición del Virrey Toledo del servicio de mita a Potosí. La sangría permanente de moradores en tandas desequilibraba las formas de organización del ayllu y lo sometía a ritmos ajenos a su propia capacidad operativa. Los jesuítas debieron remontar el lastre de la falta de confianza del indígena en el ministerio sacerdotal a la luz de sus experiencias anteriores. Debieron además modificar formas de catequesis y relación y jerarquizar una nueva escala de valores donde desaparecía como objetivo la acumulación de riquezas por los religiosos. Buena parte del éxito de la doctrina de Juli se centra en la Compañía sobre todo a través del propio ejemplo, es decir la coherencia entre lo que se predicaba y se vivía. En definitiva, el testimonio de vida. El impacto que produce en Juli como en los demás pueblos de la región la mita de Potosí exigía una planificación suplementaria que amortiguara los efectos de este drenaje de caudal humano y evitara desequilibrios en la producción y subsistencia. En la práctica, Juli siguió siendo un centro urbano de servicios a la población eminentemente rural y las formas de producción predominantes pastoriles o minerasse dieron al igual que el cultivo de parcelas agrícolas fuera del recinto del poblado. Para posibilitar este desarrollo era menester contar con un valor habitual en los indígenas de la región, su extraordinaria capacidad de movilidad y sus formas de integración social y cultural persistentes más allá de distancias y asentamientos. Pero, recuperada la confianza del indígena, los religiosos de Juli tuvieron que introducir su propia labor de planificación que venciera un existencialismo de a ratos inerte y fatalista que no dejaba margen para una permanente búsqueda de iniciativas o de desarrollo creativo en el indígena. El rol de conducción y organización fue así asumido por los religiosos que comparten con los caciques los sistemas de autoridad interna del poblado en una simbiosis de complementariedad realmente importante. Las formas, compulsivas aparecen vinculadas al tratamiento de otro tipo de problemas que analizamos a posteriori: el alcoholismo y la hechicería, que son de por sí los objetivos centrales de una acción destinada a inculcar nuevos valores. Existía además —como organismo regulador de la vida municipal— un cabildo indígena compuesto por los caciques de las diversas parcialidades y que atendía los menesteres propios de un ayuntamiento colaborando en la organización de los festejos y atendiendo las formas primarias de justicia, aunque probablemente los religiosos debieron actuar de arbitros en más de una oportunidad. La demarcación de las jurisdicciones de las áreas productivas fue bastante flexible, pues a partir del reordenamiento de las reducciones por Toledo, las parcialidades integradas, probablemente incorporaron propiedades localizadas a considerables distancias. Ya hemos localizado en el texto del Padre Bayer tierras de Puna de ganado de Juli ubicadas a 25 horas de viaje y otros testimonios del siglo XVII nos hablan de pleitos de tierras entre los indios de Juli e llave lo que obligó a mensurar y acotar los límitesl 106. Aún en el siglo XVII hay conflictos de tierras entre Pomata y Juli, que indican la flexibilidad de estos límites y la intervención permanente de la justicia107. La otra faceta singular que permanecerá en manos de los jesuítas es la introducir las modificaciones tecnológicas que posibiliten la expansión productiva. Las cartas anuas de 1688 y 1690 son muy expresivas al respecto: "A lo temporal de este pueblo han acudido los nuestros con gran cuidado y así se ha adelantado mucho. Hanle enriquecido de fuentes, repartiéndolas en diferentes partes para que todas las parroquias las tengan a mano y la principal es la de la Plaza. Pasaban gran trabajo en moler sus comidas y como en todo son pocos curiosos, usaban de dos piedras manuales para molerlas y así en largo tiempo y con mucho trabajo suyo, molían muy poco. Los nuestros les hicieron un molino que les muele con facilidad todo lo que es menester y se aplica la ganancia de él, por ser de algún monto, para ayudar a pagar los tributos. Mayor era el trabajo que tenían en arar sus tierras, que era con unas palas, a fuerza de manos y de todo el cuerpo, de donde nacía que la labor era corta y el sudor mucho. Los padres les impusieron en domar novillos y arar con ellos y así su labor es más larga y por consiguiente su cosecha es más copiosa. Con esto el pueblo está muy lleno de gente, viniéndose a él de otras partes, y el Señor más conocido y servido"108. El aumento de la producción se equilibraba con el aumento de la población ya que para esa fecha misma se consolidaba la integración de los, hasta ese momento forasteros como "originarios" de Juli y crecían los tributos que debían pagarse. La pauperización general de las masas indígenas fue también canalizando una persistente migración interna hacia Juli desde otros pueblos de la comarca. Ello obligó a formas supletorias de acción económica y asis tencial para asegurar la subsistencia. Ya hemos señalado que la fuerza de la acción jesuítica nació de su entereza para apartarse de la fácil explotación del indígena en su propio beneficio, como era lo habitual en otros pueblos. De aquí la confianza del indígena que además vio a Juli como un refugio frente a los atropellos. Las ordenanzas de los superiores jesuítas en el sentido de que todo sobrante de dinero se repartiese entre los pobres y la práctica eliminación de arañóles eclesiásticos (a excepción de limosnas voluntarias o cuando mediare la presencia de párrocos ajenos al pueblo) alivió las cargas económicas de los indígenas que quedan prácticamente circunscriptos al tributo real. Los religiosos recibían como párrocos de los cuatro templos originariamente la suma de 3200 pesos, que a mediados del siglo XVII era de 5700 pesos, los que se utilizaban en el mantenimiento del culto. Disponía el Superior en 1628 que todo lo que ingresase como donativo y limosna "se gaste en adornar las iglesias y dar limosnas a los feligreses, sin que de ello se aprovechen en cosa alguna los nuestros, para que así se conserve en toda su pureza nuestro instituto". La recaudación de fondos era también destinada a pagar a la corona los tributos de los indios pobres. No se olvide que Juli no tenía encomenderos españoles pero estaba "en cabeza del Rey" lo cual no lo exceptuaba de pago de tributo. Según Echanove, que ha analizado excelentemente el tema, hasta 1637 se daban en cada año 2500 pesos, que en 1688 vista "la pobreza de los tiempos que cada día se experimenta mayor" se rebajaron a 1100 pesos, que eran entregados al Rey para el pago de los feligreses pobres del pueblo. La distribución de ropa y comida fue permanente en la misión para la subsistencia de menesterosos, pero además se entregaban ropas y llamas para llevar las cargas de los que iban a la mita de Potosí, e inclusive se daba plata a agricultores para mejoras de los cultivos. Los indígenas que vivían en estas condiciones -de limosnas- oscilaban desde 400 en el año 1594, a 500 en el año 1634, 300 en 1631 y 200 en 1698 repartiéndose los víveres y ropas en el cementerio del templo de San Pedro y los domingos se repartían a los tullidos, ciegos e impedidos de andar, lo necesario para la semana". Es también importante acotar que la magnitud de estas dádivas era posible por la generosidad de los mismos indígenas que ejercían esa presencia de solidaridad que aún hoy constituye uno de los rasgos sobresalientes de la comunidad aymara. De otra forma no puede explicarse el haber logrado mantener el pueblo en estos límites asistenciales y el haber logrado hacer las obras de arquitectura y equipamiento que podemos admirar. Otro ingreso adicional lo constituían las estancias que en 1767 tenían 15.000 "ovejas de la tierra" y 500 de Castilla además de 80 vacas. La producción de estos recursos era destinada de la siguiente manera: 1) Para los pobres del lugar en comida y ropa; 2) Para los músicos que están permanentemente ocupados en la Iglesia; 3) Para indios enfermos y débiles que por esta causa "no pueden ganar tanto dinero durante el año como para pagar el tributo real; 4) Los maestros que enseñan a leer y escribir y 5) A los indios que van a la mita de Potosí a "trabajar obligadamente en las minas". Todo ello según narra Wolfgang Bayer en 1776. EXTIRPACIÓN DE LA IDOLATRÍA Y DEL ALCOHOLISMO En el proceso de aculturación del indígena estos factores fueron los que centraron la acción que podemos llamar compulsiva de los jesuítas. Ellos contradecían no sólo sus convicciones sino el objetivo central de su razón doctrinal. Por ello, la preocupación se manifiesta tempranamente y allí se concentra buena parte de la labor catequística de los primeros años. La actitud animista y panteísta del indígena no había desaparecido por la acción misional de dominicos y del clero secular que centraron en el bautismo, como único medio eficaz, el proceso de adoctrinamiento. Para el indígena aymara —como ya señalamos en la introducción de este trabajo— la naturaleza tenía contenidos divinos y su presencia en Juli les evidenciaba cotidianamente la vigencia de sus antiguos dioses. La cercanía del Lago Titicaca, las cuatro montañas que rodean el pueblo (Ulla, Caracollo, Sapacollo y Salipucará) constituían hitos relevantes de su cosmovisión. Sobre todo el monte de Salipucará, donde estuvo la antigua fortaleza de los lupacas tenía especial significación en sus creencias. No en balde los religiosos colocaron en la cima de los cuatro cerros una gran cruz que ejemplificaba la presencia y el dominio del símbolo cristiano sobre aquel territorio. Los relatos como el de Juñupa, Dios local crucificado en el lago Titicaca y que resucitó, narrados en la carta Anua de 1602 muestran el sincretismo entre las nuevas enseñanzas y las antiguas creencias, lo que obligó a formas de pastoral muy específicas. La fuerza de los hechiceros tardó bastante en desaparecer dentro de la comunidad pues los indios veneraban su palabra "como si fueran bajados del cielo". La carta Anua de 1604 dice que el objetivo principal de los hechiceros "es gobernar al cacique principal y a todos los de aquella familia acerca del culto de sus ídolos para todas las cosas pertenecientes a sus haciendas para que sus ídolos y sus dioses les favorezcan". En oportunidad de las campañas de extirpación de la idolatría del Padre Arriaga en Juli había vuelto a surgir un brote de hechicería. Sin embargo, el control permanente de los padres radicados en el pueblo y el autocontrol de la comunidad organizada en cofradías por ayllus y parroquias aseguró la paulatina desaparición de esta especie. Al formarse la Cofradía de Nuestra Señora en 1578 se afirmaba "el intento principal de ella es que todos los cofrades sean perseguidores de la idolatría y las borracheras"109. A medida que el problema de la hechicería fue desapareciendo la Cofradía pasó de un sistema de control a uno de animación religiosa facilitando determinadas devociones particulares y colaborando en la organización de las festividades. Las acciones de caridad y las asisten-ciales tuvieron también gravitación importante en las ac-tividades de las cofradías. Las pérdidas de los libros de Hermandad nos impiden hoy captar en plenitud la índole de su tarea como sucede en otras parroquias del área cuzqueña. Los problemas derivados de la embriaguez y la lujuria fueron otro de los problemas sobre los cuales debie¬ron actuar efectivamente los jesuítas. El rígido control de las fiestas en lo que hacía a bebidas y castidad fue dando resultado y originó mejoras sensibles en ambos aspectos. Y no solamente debieron controlar los padres las naturales apetencias o desmanes de los indígenas sino los viles ofrecimientos de los españoles que para obtener mano de obra les ofrecían estas prebendas buscando arrebatarlos de los pueblos o abusar de ellos. La vida cotidiana de Juli en su última centuria se caracterizó por su inmersión en el mundo barroco de las exteriorizaciones litúrgicas y rituales. Ello no debe asombrarnos pues los sistemas de catequesis estaban basados en la persuasión de lo trascendental y en la participación global de la comunidad. La escenografía de los templos pletóricos de riquezas acumuladas a través del tiempo, el desarrollo de las artes plásticas y musicales y de los oficios, el equilibrio entre los recursos productivos y las necesidades mínimas, convirtieron a Juli en una entidad ejemplar cuyas proyecciones surgen nítidas al contemplar el decaimiento de los otros pueblos de la región. Nada certifica esto mejor que las Cartas Anuas de fines del siglo XVII en medio de una de las grandes crisis del Collao. "Experimentados los indios de otros pueblos o por mejor decir, noticiados de tanto bien, se vienen a Juli, por decir, tendrán que comer, un hospital donde curarse y al cabo de sus días, de balde, el entierro, y ésta es la causa de haberse venido tantos a este pueblo que ellos llaman Santo. Cuando el Excmo. Sr. Conde de Lemos, Virrey de estos reinos anduvo estas provincias, extrañó lo acabado y destruido de los pueblos de los indios, donde solo se veían ruinas de casas antiguas, a vista de lo populoso de aqueste y preguntada la causa no faltó quien le dijese: "Señor, Juli los destruye, porque se pasan allá sus mo-radores". A lo que respondió su Excelencia: "Si yo fuera indio me hiciera lo mismo". Y aunque es verdad que se han venido acá muchos de estos pueblos, no es la causa única el bien que buscan, sino el mal de que huyen. Hallan aquí amparo en lo espiritual y temporal más no hallan las pensiones que en otras partes donde por buenos que sean los curas y los caciques, los trabajan, y donde si hay españoles, los afligen y así es verdad de lo que ellos dicen que se acogen a este pueblo para no morirse de hambre y a morir en él como cristianos"110. Así lo entendió en su momento el Rey que en su Real Cédula del 24 de marzo de 1691 tomaba las palabras del Presidente de la Audiencia de Charcas Diego Mesía: "Si todas las doctrinas del Perú fuesen como Juli, estuvieran mejor servidos los indios, bien tratados, defendidos de los agravios y muy adelantados en su fe". LOS TEMPLOS DE JULI A PARTIR DE 1768 Antes de analizar la evolución de los cuatro templos mayores a partir de 1768 nos parece oportuno realizar alguna información complementaria sobre la antigua ermita de Santa Bárbara, colocada en uno de los altos cerros y cuyos restos se mantuvieron en pie hasta hace medio siglo. Esta antigua ermita realizada originariamente por los dominicos como capilla "extramuros" de su asentamiento de Lundayani fue rehecha totalmente por los jesuítas en el último tercio del siglo XVII. En efecto, a raíz de una imprudencia se incendió en su totalidad y pese a la difícil situación económica que atravesaba la región, los donativos indígenas posibilitaron su nueva erección según narran las Cartas Anuas de 1689. En 1767 la ermita subsistía en buen uso y "era atendida por aquel de nosotros que al mismo tiempo estaba a cargo de los bienes materiales de la comunidad"111, En lo pastoral dependía de San Pedro, ya que en el inventario de la expulsión tomado en este templo se hace constar la "Capilla de Santa Bárbara con retablito y altar de yeso y con 8 lienzos, 6 ventanas y dos torrecitas de barro sin campana"112. Desconocemos cuándo quedó fuera de uso el templo pero ello sucedió probablemente en el siglo XIX, pues en 1800 ya tenía el techo con goteras y sin tumbadillo. Es importante tener en cuenta que a partir de la expulsión de los jesuítas se alteró sustancialmente la estructura interna de la misión de Juli. Los templos fueron entregados a párrocos en directa relación de dependencia con el Obispo de La Paz y cada uno de ellos velaba por su propia parroquia sin coordinar la tarea con los demás. De esta manera Juli dejó de ser en lo pastoral una doctrina integrada para convertirse en una sumatoria de parroquias. La frecuente remoción y traslado de párrocos originó a la vez una falta de continuidad en la tarea apostólica y pedagógica, lo que unido a la carencia de una planificación económica centralizada destruyó el equilibrio en que se había desarrollado la vida de la misión. La creciente ingerencia de los Factores de las Reales Cajas de Chucuito y de otras autoridades españolas significó para los indígenas la incorporación de arbitrariedades de las cuales había estado más protegidos. Todo ello hizo que Juli fuera pejrdiendo el sentido carismático y ejemplificante que había tenido bajo la administración jesuítica. El remate de los bienes para la Junta de Temporalidades abarcó un período largo y la superposición de intereses y poderes conflictuó también la actividad económica del poblado. En el año 1771 se levanta un testimonio sobre las pertenencias del antiguo Colegio "de los regulares expulsos" y se afirma que las tierras "las fueron comprando a su majestad los primeros regulares sus fundadores" y que los títulos de la misma estaban en los Archivos de Chucuito y en la Real Caja de la ciudad de La Paz. La Junta de Temporalidades entiende que los fines principales que tuvieron para comprar estas tierras fueron dos: "para que sirvieran (de recurso) de fábricas a las cuatro Iglesias parroquiales del pueblo que no gozan de renta y pudieran en esta forma repararse y adornarse de todo lo necesario" y además para que "se ayudase a los indios pobres de aquellas cuatro parcialidades a la paga de los Reales Tributos" además de costear sacristanes y Maestros. Se resuelve que las tierras no se vendan y se mantengan pues en patrimonio de las Doctrinas formando Libros de Obras Pías 113. Esto es muy importante porque demuestra que las parroquias mantenían las fuentes principales de ingresos que unidas a los sínodos y limosnas habían posibilitado la construcción y equipamiento de los templos. La caída de los mismos no podrá pues adjudicarse a falta de recursos sino a una mala administración de los mismos. Más aún, la Junta de Temporalidades decidió que "las alhajas de las Iglesias deben también mantenerse colocadas en la misma forma que están para su adorno y servicios por ser propias de las mismas Iglesias". También se conservan los recursos para el Hospital dejando para "la mantención de los enfermos y sus medicamentos" la pulpería del pueblo donde se deben vender los vinos y aguardientes. Como se ve, no hubo en este plano alteraciones sustanciales, pero al variar las otras condicionantes y sobre todo el espíritu y objetivos de los párrocos y administradores, Juli decaerá. En 1792 el hospital debe ser reparado, pero la provisión de fondos se demora. Para esta época eJ párroco de San Pedro de Juli -probablemente el Presbítero Manuel Villavicencio— se queja de que su parroquia "no tiene casa formal y cómoda para vivir, pues en la ocasión se maneja con una puerta que cae al cementerio de la Iglesia con la indecencia de trajinar por ella las mulas"114. También señalará el párroco que en el pueblo "hay corralones dilatados" que deforman el aspecto, princi-palmente por la situación en que existen y sugiere que se le adjudiquen unos para la Casa Parroquial y el resto lotearlo. Es decir que ya se entra en la faz comercial que tanto cuidaron de soslayar los jesuítas. Durante el siglo XVIII se siguieron haciendo obras en los templos esporádicamente. En 1788 el Obispo Alejandro José de Ochoa y Morillo, de La Paz, indica, por ejemplo, que se retire de San Pedro de Juli "una armazón o especie de cimbra portátil que desde el tiempo de los jesuítas hay allí y asimismo toda la madera suelta que hubiere, con lo cual se puede formar un fuerte andamio" para la Matriz de Puno 115. Es decir que los bienes de Juli fueron en diversos casos dispersos y así como vimos que la librería pasó a Acora y Chucuito, probablemente el párroco de San Pedro de Acora, Eraso de Burunda, que reconstruyó parte del templo sacó de Juli el retablo de Bitti que allí se guarda y del cual fueron robados lienzos en el año 1976. La evolución de los cuatro templos según la documentación que poseemos es la siguiente: 1) SAN PEDRO Ciertos recibos de obras nos permiten detectar arreglos realizados en este templo en la última década del siglo XVIII. En efecto, entre 1793 y 1794 el Maestro Sastre Alberto Morales compone las casullas y ornamentos mientras el Maestro organero Vicente Agrarnont hace un fuelle nuevo y el bastidor de la espalda del órgano de San Pedro 115. También las obras de reparación de platería fueron importantes. El Maestro Ambrosio Estarcina trabajó el sagrario, compuso la Cruz Alta y cuatro custodias y a una de ellas le colocó una cruz. A raíz de que el artesano no sabía firmar lo hizo como testigo el cacique Mariano Quispe Cabana el 30 de junio de 1794. A su vez el Maestro platero Igidio Candía reparó una cruz alta mientras que el Maestro Jacinto Roque Chipana compuso el sol de una custodia y desabolló once cálices. El maestro Buenaventura Palero compuso las crismeras y Candía arregló los incensarios. Es curioso constatar que tampoco sabían firmar estos plateros. A fines de este año 1793 el párroco de Zepita Vicente Bravo y Núñez es designado como Vicario del Partido y es al visitar San Pedro de Juli que señala "la media naranja de la Iglesia necesita un pronto socorro al estado de su conservación, por no haber sido de cal y piedra sino solamente de madera y ésta ya por el agravio del tiempo, ya por el servicio de muchos años tenía algunas maderas sentidas pues por una parte amenaza ruina". Afirma que el gran órgano está sin uso y lo que es más importante que "la torre está inconclusa, le falta la copa" y pide licencia al Obispo para hacer estas obras116. En 1794 el párroco de San Pedro de Juli, Don Miguel Antonio Arce, solicita licencia para colocar "tumbadillos en la sacristía que se halla descubierta y asimismo para renovar las vidrieras del sagrario". Como puede apreciarse el estado del templo presentaba diversos problemas. Aparentemente la torre fue rehecha junto con la nave del templo en la última fase de la presencia jesuítica y quedó sin el remate que debió hacerse ya a fines del siglo XVIII. Un inventario de 1800 reproduce textualmente el de 1767 lo que no nos permite dilucidar las innovaciones que pudieron haberse planteado. Deducimos, sin embargo, que la torre estaba concluida pues figuran colocadas seis campanas en la misma117. Al concluir el primer cuarto del siglo XIX el templo ya presentaba algunas modificaciones. Un inventario de 1825 nos habla del Altar Mayor de cal y piedra con frontal de plata y retablo de madera. La media naranja de adobe y las cuatro ventanas de berenguela. El coro bajo "a imitación de la Iglesia toda pintada", la torre de piedra labrada concluida y el cementerio estaba constituido por "un cuadro hermoseado con 38 árboles que forman una especie de alameda" y dos salidas de cal y piedra118. Es esta la primera descripción del cementerio de San Pedro de Juli que poseemos. Evidentemente la "alameda" debe coincidir con las actuales escalinatas mientras que el parapeto de pequeños arcos que subsistía hasta hace tres décadas definía el sitio específico del atrio. A partir de este momento comienza la decadencia de Juli en forma acentuada. En 1848 el Obispo del Cuzco; Eugenio Mendoza y Jara, dice que el cura Matías Alday retiró de San Pedro 404 marcos de plata para entregar a la Tesorería de Puno. Señala que observó "con dolor el abandono, desorden y desaseo de la Iglesia y dispuso que se continuara con el trabajo del altar que está en el crucero". Obsérvese que ya la jurisdicción de visita de Juli era ejercida por el Obispo de Cuzco en virtud de la división jurisdiccional definida en 1825 por Bolívar, aunque el Obispado de Puno no lo había puesto en práctica aún. En 1850 se había caído la capilla que daba a la casa cural quedando el retablo y los lienzos destrozados. Pensamos que puede tratarse de la antigua capilla del hospital ya que desconocemos la forma de utilización del espacio después que un párroco reclamara por una casa cural más adecuada. Sino fuera ésta, lo más probable es que se trate de la capilla que estaba enfrentada con el bautisterio. Decía el párroco: "tanto el Presbiterio como la capilla colateral del frente están en igual caso de desplomarse y para sostenerlos se han puesto puntales y en la misma necesidad está el techo y las paredes de ambas capillas y hay que levantarlas de nuevo, igualmente el cañón principal de la Iglesia se halla abierto de un extremo a otro y el coro amenaza caerse, de suerte que toda la Iglesia está eri estado de desplomarse"119. Parte del crucero se cayó y en 1852 se reparó colocando 25 maderas entre grandes y chicas. Ese mismo año un rayo dañó la torre y el órgano que debieron reparárse 120. En 1867 el Obispo Ambrosio Huerta en su primera visita a la Diócesis de Puno nos habla "del estado ruinoso del magnífico templo" y dispone que se vendan fincas y se reparen los deterioros "pues amenaza próxima y total ruina". Actúa como tasador de la platería que se vende el Maestro Luciano Valle y se dispone que se venda también "el atrio de San Pedro" lo que explica las limitaciones de espacio que hoy vemos121. A raíz de sus instrucciones se enajenaron bienes y se recaudaron fondos que permitieron reparar las rajaduras del cañón de la nave, componer el órgano y asentar las cubiertas del crucero. Este último trabajo fue recién.comenzado en 1875 cuando trajeron arena de la orilla del lago, cambiaron las tijeras del crucero y entortaron la bóveda de la Iglesia colocando tejas en el Presbiterio. En 1878 rehicieron cuartos en la Casa Parroquial y en 1879 cerraron ventanas en el coro y parte del crucero se hallaba caído122. Un nuevo saqueo sufrió el templo de Juli a raíz de la invasión chilena en la guerra del Pacífico, ya que deschaparon los frontales y gradillas e inclusive el Ministro Herrera intentó arrebatar la custodia que creía era de oro macizo123. En 1897 el Obispo Pueyrredón indica que es "necesado dictar las disposiciones más eficaces que están en la esfera de nuestras facultades para la reparación de los cuatro templos que están en esta ciudad que se encuentran en estado ruinoso". Para ello nombró dos comisiones y determinó que se vendiese la platería de los templos con lo cual prácticamente se extinguió' la ornamentación de este metal124. En 1920 el templo de San Pedro tenía grietas en la bóveda y "en la media naranja un declive peligroso". El crucero estaba con tumbadillo deteriorado y el piso tenía enlosado adelante y enladrillada la nave, la sacristía estaba definida como "de construcción ordinaria". Los lienzos que quedaban eran los doce de los apóstoles, once de la Pasión "de chapa" chicos, seis lienzos grandes de la infancia del Señor. Los lienzos considerados "finos" eran: la Virgen del Carmen, el Bautismo del Señor, el interrogatorio de San Andrés, Virgen de Guadalupe, la Dolorosa, Santa Cristina, San Joaquín y Santa Ana, dos de San Ignacio, San Francisco, el Nacimiento, el Redentor, la Virgen de la Cueva, dos del Carmen, la Merced, el Rosario, el Socorro, Santa Bárbara, dos de la Sagrada Familia, La Descensión de la Virgen de la Paz, y otro del Pez y la Moneda. En la sacristía se destacaban un Cristo, un San Ignacio y un San Javier, San Antonio de Padua, San Agustín, la Tentación, la Samari-tana, Borrasca de Genezaret, Ecce Homo, Bautismo del Señor, Descendimiento y otros 50 lienzos más125. Ese mismo año de 1920 se hicieron reparaciones en el techo del templo y se revocó el crucero, arreglando además la fachada y el cementerio. El maestro Emilio Lago reparó el órgano y se levantaron en 1920 los arcos caídos y el corredor del atrio del templo, reparando la bóveda central y la sacristía 126. Así se mantuvo el templo hasta que 50 años más tarde se comenzaron reparaciones que transformaron las características del espacio interior haciendo perder valor al templo, al modificar la cúpula y el presbiterio. 2) SAN JUAN BAUTISTA De San Juan poseemos un detallado informe del año 1866 realizado por el párroco Gregorio Castellanos. Dice que "a primera vista se conoce lo ruinoso que está su techo como 20 varas por ambos costados y escasamente cubierto con paja, que los palos de armazón están visibles, lo restante con teja que por sí se está volviendo barro, lo que conocí en el día subiendo personalmente a hacer retejar. Estando en el interior se ve todo como un harnero, su tumbadillo, de principio a fin, todo rotoso por las excesivas goteras, de suerte que en los días lluviosos los fieles no encuentran lugar seco donde ubicarse para oir el Santo Sacrificio de la Misa, lo mismo la sacristía con las paredes pasmadas". En la Sacristía se conservaban cinco lienzos de San Juan Bautista en pasta con coronación y pedestal de madera dorada. En la contra sacristía solo acota la existencia de la media naranja y la ventana, por lo que suponemos estaba desprovista de ornamentación. En el Presbiterio había además de su Altar Mayor con su frontal un conjunto de diez lienzos (cuatro grandes). Estaba tapiada la puerta del lado del Evangelio y las paredes recubiertas con "tapiz carmesí alistado". La capilla del Descendimiento del lado del Evangelio tenía su Altar "al gusto más exquisito" y catorce cuadros. La capilla de la Epístola o de Nuestra Señora de la Soledad tenía el retablo de madera "en medio de un arco suntuoso de piedra" y doce lienzos. "El arco toral, el arco que sube al Presbiterio y los dos arcos que hacen la entrada a las capillas son tan maravillosos que admiran a la inteligencia humana por su talladura y que forman la hermosura del templo". En la nave había ocho lienzos de San Juan Bautista y diez de Santa Teresa. El bautisterio estaba funcionando en la antesacristía y a la torre se ingresaba por dentro del templo y desde la torre se subía al coro. El campanario era de ladrillo y estaba casi sin revoque. "Saliendo del templo al cementerio por la puerta falsa se ve la pared del templo en el lado derecho rajada ya hasta cerca de su plan. Cerca de esta pared en el cementerio hay una Capilla deshecha de Misericordia y una Cruz grande de piedra". Ya en 1866 la parroquia de San Juan de Juli tenía recursos de fábrica y "solo causal contingente por no tener ninguna propiedad, mucho menos tiene devoción ni hacen fiesta de las que disfrutan todas las familias del orbe cristiano. En ésta no hay devoto en Semana Santa, nadie se presta a solemnizar la festividad General del Corpus, ninguno coopera a solemnizar en la fiesta titular del patrón, ni hay quien le encienda una vela"127. Habían bastado cien años para que al saqueo sistemático de los templos se le sumara el abandono espiritual al grado que señala el párroco de San Juan Bautista. Creemos que la imagen es lo suficientemente elocuente para evitar mayores comentarios. En 1904 el Obispo Pueyrredón autoriza al párroco a vender otra porción de platería en la ciudad de Arequipa para reparar el techo de San Juan 128. También indicaba el Obispo Fidel Cossio en 1924 que no se coloque papel pegado en las paredes, pilares y zona del Presbiterio en los templos 129. La Iglesia fue sometida a trabajos de restauración recientes, abandonada para el culto y destinada a Museo aunque las instalaciones no están cabalmente terminadas. 3) LA ASUNCIÓN El templo de la Asunción fue retechado en 1846 por el párroco Vidal Fuentes pues su estado era ruino-so 130. En 1851 se amplía la ventana del Presbiterio para que entre más luz en el Tabernáculo y recién en 1864 se reteja la Iglesia lo que habla a las claras de la efectividad del arreglo realizado en 1846. El órgano fue reparado primero por Fray Andrés Cornejo y luego por Rafael Andía en 1865-1866 y un año más tarde en la primera visita a la nueva diócesis de Puno, el Obispo Juan Ambrosio Huerta recomienda "que se ponga gran empeño en componer el edificio del templo cuyo mal estado hace temer una inminente ruina, así como en aliñarlo corrientemente a fin de que sea digno de lo que fue y de los divinos oficios que en él deben celebrarse", ordena a la vez que se venda la chafalonía y que "se rehaga la sacristía hace tiempo desmembrada"131. Actúa como tasador de la platería el Maestro Pablo Marchetti de dilatada actuación en la zona y un año más tarde el Obispo urge que se vendan también las tierras de la parroquia para el reparo del templo. También señala el 24 de setiembre de 1868 que entre las cuatro parroquias se construya una capilla en el Panteón de "elevación corriente de sus paredes y seguridad". En 1875 se está repajando y retejando el techo para lo cual prepararon tejas Melchora Vilca, Mariano, Agustín y Pedro Calderón y Mariano Parculli. Nuevamente en 1889 el párroco Guillermo Molina dice que el templo está en "estado lamentable de deterioro" y que él lo reparó evitando el desplome 132. Confirmando estos datos el Prefecto declara que el párroco "levantó desde sus cimientos una pared de adobe para cerrar el arco del coro que amenazaba desplomarse por su estado ruinoso, formando una hermosa portada cuyo trabajo lo ha verificado con Maestros Albañi-les asalariados con cuya mejora se ha evitado que el templo se desplomara por su mal estado". También había arreglado los altares colaterales y revocó las gradas del Presbiterio133. A su vez el Alcalde Municipal dice "que hace años estuvo la torre dañada por efecto de una tempestad atmosférica y cuya reparación debió haber haber sido oportuna por manos de personas entendidas en conocimientos arquitectónicos por ser dicha torre como hasta hoy manifiestan sus escombros y parte subsistente de una construcción de muy elevada arquitectura por su belleza; no sé si con buen espíritu se propuso a esta reparación el Sr. Benedicto Florido, cura de dicha parroquia, pero al desatar una parte de la cúpula solo consiguió dejar al descubierto y a merced de las lluvias el lugar". Luego "estando el señor Fermín Manrique encargado de ella se desplomó en su mayor parte la dicha torre destruyendo medio techo de la Iglesia, un órgano y respectivo coro y ahora ha sido techada la Iglesia siendo construido el atrio con toda solidez y reparo el resto de las goteras" 134. Esta información detalla pues el proceso de destrucción del templo que debió suceder entre 1884-1889 y que algunos han adjudicado a "obras inconclusas" que dejaron los jesuítas. La obra fue realizada con Maestros Albañiles quienes "han levantado una sólida y bien trabajada pared conuna magnífica portada cerrando el arco del (coro) que completamente rajado amenazaba desplomarse con cuya mejora el templo ha quedado, aunque más pequeño, "sólido"135. El Maestro Albañil que realizó la pared y la portada fue el indígena Nicolás Huarachi natural del Cantón de Copacabana de la República de Bolivia y los adobes fueron provistos por Mariano Arena. El cura Molina supervisó la realización de los trabajos actuando como sobreestante Don Carmelo Vargas136. Pese a repararse la zona de pie de la Iglesia no se solucionó del todo el problema. En 1893 el cura Benigno Pinazo dice que se ha destruido la sacristía por completo al caerse el techo y que "sólo existe la puerta que da alalglesia"137. Por ello nuevamente a fines del siglo XIX, se emprenden obras de reparación que se ejecutan bajo la direcciór de los Maestros Albañiles Martín Luis Quispe y Ambrosio Segura controlados por una Junta Recons-tructora cuyo tesorero era Saturnino Sardan 138. La fachada del templo fue rehecha por el Maestro Cantero Santiago Huailla pero en 1908 la Junta resuelve suspender el trabajo y vender plata labrada del templo para recaudar fondos. Finalmente se compra madera y chapa de calamina y se modifica la cubierta. Hace un cuarto de siglo el templo, hoy en estado ruinoso, fue objeto de otras obras, entre ellas la colocación de unos curiosos contrafuertes en forma de arco que pese a su reciente factura y estrafalaria forma han sido considerados por los arquitectos Mesa como originales del siglo XVI (?)139. 4) LA SANTA CRUZ Sobre este templo la información que poseemos es más limitada. Hemos visto como había quedado concluído en 1767 a la fecha de la expulsión de los jesuítas. Como hace años que está en ruinas diversos autores han sos-tenido que no fue concluido lo cual consideramos que es un error. El templo funcionó normalmente y recién a comienzos de este siglo tuvo daños que fueron creciendo hasta producir la demolición parcial del crucero. En efecto un inventario que poseemos del año 1910 señala: "Edificio de cal y piedra, cubierto el techo exterior de tejas y el interior de bóveda, con abertura central y prolongada que amenaza desplome, no menos que el coro. Diez arcos grandiosos con profusión de talladuras, tres portadas menores y una mayor de la puerta. El bautisterio necesita refacción. El Altar Mayor es imponente, retablo dorado y los de los cruceros con los incomparables cuadros de San Gerónimo y la Magdalena. El pulpito y confesionario de singular mérito artístico, la torre de ladrillo de solo una hoja y es de numerosas y armoniosas graderías, su cementerio espacioso con un estanque de cal y piedra y adornado con vistosos arcos góticos de piedra labrada, aunque a punto de destruirse"140. El templo está pavimentado en ladrillo y sus principales lienzos que son los de los arcos conteniendo pasajes de la vida de San Ignacio y San Francisco Javier. Describe además el conjunto de imágenes que aún se conservaban. Realmente mueve a dolor pensar que en este último medio siglo hemos perdido más que en la vida histórica del templo y que del curioso cementerio que aquí nos mencionan no queda nada, habiéndose dejado caer el crucero del templo en forma absurda. En ese mismo año se procede a repajar la sacristía del templo 141 y el año siguiente el Obispo dispone que se traslade la platería de la Santa Cruz a San Pedro para su custodia, lo que nos dice que la ruina y el consiguiente cierre del templo era inminente 142. En realidad ya la venta de platería había comenzado en 1902 para juntar fondos para la reparación del templo, pero aparentemente no hubo tiempo para ello143. Hoy, como desde hace años, el templo de la Santa Cruz está esperando su fin ante la pasividad de quienes tienen la enorme responsabilidad de rescatar el patrimonio arquitectónico de los americanos. 5) CHALLAPAMPA No hemos hecho referencia anterior al templo de Challapampa que dependía de los curatos de San Juan Bautista y la Asunción. El templo de San Pedro está ubicado a tres leguas de Juli hacia el lado de Pomata "que pertenece a dos curas, al de la Asunta y al de San Juan, de suerte que, a más de ser muy mal demarcada, cada cual tiene derecho a esta capilla". En 1866 decía el párroco: "nada tiene de notable porque hasta los ornamentos son del pueblo, las imágenes sencillamente vestidas; sólo tiene una torrecita con dos campanitas"144. Ello no es tan así pues el retablo que ha sido atribuido a Bernardo Bitti y la serie de ángeles arcabuceros que fueron recientemente robados, demuestran la importancia de la capilla. La puerta de la sacristía está formada por un cuero pintado muy angelicalmente con la siguiente leyenda: "El Maestro Juan de la Cruz Orellana ha puesto esta cortina, portero de esta viceparroquia de Challapampa 4 de marzo de 1853". También el frontal del altar está hecho con cuero repujado, al igual que en Atuncolla. La capilla fue restaurada muy acertadamente por el arquitecto Alejandro Alva Valderrama durante los años 1971 a 1974. LAS TIERRAS DE JULI Hemos visto como parcialmente se fue desgranando el conjunto de propiedades que significaba medianteuna correcta administración la posibilidad de sustento del culto y la ayuda a la subsistencia de los menesterosos. GRAFICOS Pag 367 y 368 La supresión de la política asistencial fue motivando el éxodo poblacional y la paulatina desaparición del Hospital y de otros servicios. Como contrapartida en 1855 se reconstruyeron en Juli el Cabildo y la escuela 145. El templo de San Pedro, que era el más cuidado —como parroquia central pudo mantener hasta 1920 por lo menos la estancia de Suacata y la residencia de Ulla. La información que se levanta en 1910 sobre estas tierras nos permite completar los datos de la hacienda de SUANCATA que según los títulos fue "del Inca, labrada por los cumbecamayos, a una legua de la ciudad", fue cedida por el Gobierno colonial al curato a mediados del siglo XVI. En el año 1594 el Padre Juan Fonte dio 150 pesos a indios de llave para que se retiraran de 30 topos que habían cultivado, lo cual coincide con los pleitos de tierras que se mencionaban en 1582. Recién en 1736 se había hecho el amojonamiento por el Padre Miguel Lince y en 1836 fue tasada por el perito Vicente Paniagua por disposición fiscal. Creemos que estos fueron los últimos conjuntos de bienes que quedaron a los templos de Juli. Mientras tanto, en medio de la decadencia general, Juli acumulaba títulos, siendo designada villa el 3 de junio de 1828 y ciudad el 2 de setiembre de 1889, mientras los proceres decimonónicos se encargaban de escar¬necer a los jesuítas por una obra que ellos eran incapaces de imitar. Así en el colmo del ridículo los acusaban simultáneamente de opresión y explotación del trabajo del indio y de fomentarles la holgazanería y la ociosidad, actitudes muy poco compatibles entre sí como podrá advertir el menos versado. Finalmente no pudiendo negar las evidencias optaron por el camino de adjudicar las obras a los dominicos sin tomarse el trabajo de constatar la verdad histórica. A esta sucesión de falsedades y disparates se sumaron lamentablemente historiadores poco advertidos y algunos otros que por hacer alarde de erudición crearon tramas truculentas que satisfacían el tono de literatura folletinesca pero que se alejaban diametralmente de la verdad histórica. Así leeremos: "la pugna entre ambas órdenes de larga tradición alcanzaba su punto culminante en América (?), por estas áreas que se ventilaban graves problemas entre jesuítas y dominicos"146. Esperamos que estas líneas reubiquen las cosas en su lugar.

domingo, 3 de noviembre de 2013

LEONCIO LUQUE: PREMIO COPE

Escritor peruano (Puno, Huancané, 1964). Siguió estudios de economía en la Universidad Nacional del Callao (1985), la misma que abandonó un año después, para seguir estudios de educación en la especialidad de lengua y literatura en la Universidad Nacional Federico Villarreal. Publicó los poemarios Por la identidad de las imágenes (1996), En las grietas de tu espalda (2001) y Crónicas de Narciso (2005). Actualmente estudia la maestría en la Universidad Nacional de Educación Enrique Guzmán y Valle (La Cantuta). Leoncio Luque Ccota se tomó, su tiempo para publicar otro poemario. Su primer libro, Por la identidad de las imágenes, fue publicado en 1996 -sin decir que fue escrito en realidad hace varias décadas. Por eso no sorprende que haya tenido que pasar dieciséis años más para que el poeta se anime a entregar otra vislumbre de su obra a la imprenta; quizás, por esa suerte de reinvención del lenguaje, en cada nueva entrega. Los poemas de aliento épico y lirico, casi silvestre de Crónicas de Narciso, (2005) es, “una poética enriquecida de precisiones, luminosas” como señala Manuel Cadenas Mujica en la reseña preparado para este libro; pero, también las voces fragmentadas y el ritmo del transeúnte asediado, aparece en el espejo principal de la vida, donde se ve el reflejo del crepúsculo otoñal de la humanidad, donde el dolor no es ajeno, sino que se introduce en el alma del poeta, a través del poemario en Las grietas de tu espalda (2001). Por solo citar un par de ejemplos. Pero es en el Exilio Interior y otros poemas devastados (Casa Barbieri editores, 2011), su más reciente poemario, que tiene un nuevo viraje, donde el poeta se muda a la infancia y lanza un conjunto de poemas que apuntan a la fragilidad y al ensimismamiento, a la posibilidad del tono menor y el discurso íntimo pero solar. En el plenilunio se ven islas acuáticas dispersas / como cuerpos que celebran la boda de los dioses/ y los dioses vienen en tu espalda sentada/ apaciguando tú odio/ para convivir fastidiándote en cada guerra/ que se inicia para llorar. Tengo entendido que este libro fue escrito a fines de los ochenta y comienzos de los noventa. Por qué decidiste dejarlo guardado tantos años. Y, sobre todo, qué te impulsó a escribir este libro tan personal en una coyuntura políticamente tan agitada. La verdad, es un poemario que tiene mucho de mis caminatas, donde he sentido el latido de la vida, el peligro de perder la vida, cuando la violencia imperaba en cada esquina. Cuando la Pamplona Alta crecía con los inmigrantes y yo veía sentado todo este proceso en la parte más alta de un cerro, con Casandra. Si, la idea del poemario nació en los ochenta y se inició a escribirse en los noventa. Porque lo guardé, no creo que lo haya guardado, caminaba a mi lado siempre, pero un día decidió liberarse de mí, como todo hijo, solicito su independencia, al ganar un premio. Lo que me impulsó a escribir este libro, fue el de encontrarme conmigo mismo, como sabes, yo llegué a Lima en el año 1968, cuando apenas tenía 4 años, desterrado de mi lugar de nacimiento, para ser parte de esta ciudad de mil cabeza, que me adoptó, pero que no me cuidó, como lo hace una madre. Siempre sentí que vivía entre dos mundo, dos culturas y la vez no tenía ninguna de ellas. Nada. Llegué a Miraflores, viví por Santa Cruz, correteando por el Malecón, asustado, de ver la playa, la suciedad y las luces que me apañaban. Luego mis padres se fueron al distrito de San Luis, donde permanecí, por un año. Para luego retornar a Huancané, por última vez, y desde 1971 vivir en Pamplona Alta. El hecho de que este arenal se convertirá en mi hábitat, fue el leitmotiv de escribir el poemario, como un pago a este espacio que me adoptó, durante más de cuarenta años. Y como tú dices, en una coyuntura tan agitada que me toco vivir, en el tiempo del terrorismo, donde Pamplona Alta, llego a tener una base militar, y uno estaba expuesto a que su casa fuera violentado por los militares, cuando estabas durmiendo. Exilio Interior y otros poemas devastados, es el libro que me permite arraigarme, con la realidad que me tocó vivir cada segundo de mi vida, con un Perú enclaustrado capturado en el desarraigo. Cómo es tu proceso de escritura. El proceso de la escritura tiene varios caminos y procedimiento, para cada poeta. El mío parte de la mitificación de algo, de una fijación que se va dando en el pensamiento, para luego dar la forma poética en el texto a través de un lenguaje poético adecuado. Yo siempre parto de la realidad pura, deseada, soñada, filtrada por mis emociones puras o ideológicas, pero siempre de la realidad, presente o ausente. Luego un disparador, que puede ser un recuerdo, una visión imaginaria, una palabra o una imagen que no se detiene, hechos, que me proporciona elementos que luego transmitirá un mensaje. Luego, la escritura, el terreno de la codificación que no se detiene hasta lograr vaciar todo el contenido guardado, que irrupciona como un volcán hasta calmarse y detenerse. Y luego, el producto, que se solidifica, para luego moldearlo con la soledad, con sus propias leyes finitas, con descartes, desgastes ofrecidos por la palabra, la razón y el propio idioma. Donde la conciencia y la inconsciencia se unen para un poemario en el caso mío. No escribo poemas sueltos, siempre un poemario. Tengo varios poemarios inéditos, esperando liberarse de mis torturas, cada vez que regreso a releerlos. Jamás has sufrido entonces de ansiedad editorial. ¿Aconsejarías a los escritores jóvenes llevar a cabo este procedimiento? No, nunca he tenido esa ansiedad, las cosas ha salidos naturales, en partos naturales. Yo soy de las personas que cree que uno no debe de desesperarse por publicar un libro. Por lo tanto debo aconsejar que los jóvenes deban esperar el momento oportuno. En cada uno de tus libros hay una especie de estrategia conceptual muy clara y diferenciada. Es casi como si cada libro ostentara un temperamento distinto. Cada libro obedece a su propia historia, sentido y coyuntura, que va amalgamando un proyecto. Por ejemplo mi primer libros Por la Identidad de las Imágenes (1996), es una suerte de mito sobre la sacralización de la poesía, luego vendría En las grietas de tu espalda (2001) un retorno al dolor humano; y Crónicas de Narciso (2005) es el trazo de una poesía que apela a las crónicas para reencontrarse con los fantasmas de ese ritmo que convoca a muchas voces de un pasado que no quiere dejar. Hay claramente un lenguaje distinto al de todos tus otros libros en Exilio Interior y otros poemas devastados. Un universo de imágenes cifradas. Algo que podríamos reconocer como un mundo privado, digamos.Exilio Interior y otros poemas devastados (2011), es un poemario que intenta mirar mi pasado, y que contiene un alto contenido antropológico, social y hasta político, que toca la realidad de un migrante en Lima, y la relación con los otros, con quienes convive, donde Lima es una bestia antropófaga que te desarraiga, que te hace sufrir. Porque no eres de aquí, por que tus cimientos son de otro lugar, Exilio Interior, es un poemario de contexto marginal de un migrante viviendo su automarginalidad, que describe la nueva cultura popular que se mezcla desde hace tiempo en Lima, más que nada en los conos de esta ciudad caótica y asmática, donde: La humanidad/ busca su identidad en la guerra/ mientras nosotros en recuerdos/. Es un poemario que busca identidad a través de recuerdos, pero para aceptarse: Los años que ya no conozco en mi memoria/ desaparecen como/ lagartijas entre la arena/ junto al cementerio/ donde busco mis raíces.
La UNA y la biblioteca puneña Feliciano Padilla “La universidad es lo que publica”. Una universidad que se precie de tal debe publicar tanto los resultados de las investigaciones de sus profesores así como las obras relacionadas con las letras, las ciencias humanas y las ciencias en general. Es más, si el presupuesto lo permitiera está moralmente obligada a publicar los estudios realizados por los puneños o puneñistas que han contribuido a difundir las diferentes facetas de la cultura puneña. Pues, bien, la Universidad Nacional del Altiplano tomó la decisión de publicar la Biblioteca Puneña, una colección de libros de historia, antropología, arqueología, literatura, lingüística y de cultura en general. Son cincuenta volúmenes con una tirada de mil ejemplares cada uno, que hacen una suma de 50,000 libros. Esta colección ha sido presentada hace un mes aproximadamente, por los intelectuales Ricardo Badini (estudioso italiano de textos churatianos); Hernán Cornejo Roselló, (prestigioso intelectual y periodista puneño) y; mi persona, en mi condición de profesor de la Universidad Nacional del Altiplano. La publicación de las 50 obras constituye un hito sin precedentes en la historia de la universidad peruana. Realmente se trata de un monumento a la cultura destinado a la perpetuidad, de una epopeya lograda con decisión y voluntad de trabajo. Y lo es más, si se toma en cuenta los 173 textos universitarios e investigaciones de los profesores que, también, se publicaron y se presentaron en la misma fecha. Esta acción de indudable trascendencia ha provocado dos tipos de reacciones. Los más, manifiestan su admiración y dicen que en este momento todavía no se puede valorar con sinceridad lo realizado por la UNA; que el tiempo, como un viejo sabio valorará como se debe, en su exacta medida y en su verdadera importancia las obras publicadas por la Universidad Nacional del Altiplano. En este momento, los doctores Lucio Ávila, Germán Yábar y Edgardo Pineda, todavía no sopesan la obra que han realizado. Cuando pase el tiempo recién volverán los ojos a esta acción y acaso no crean lo que han fomentado y hecho en favor de Puno, obra tan grande y tan importante relacionada con el cultivo del espíritu y la identidad. Por otra parte, los menos, dicen cómo va a ser un monumento; los monumentos solo se hacen con cemento y piedra. Lo triste es que no comprenden la metáfora, y esto que son poetas los que afirman de esta manera. Cómo son conscientes de que este argumento es endeble, han cambiado de discurso y argumentan que habiendo plata se puede publicar aunque sea 100 ó 200 libros. Creo sinceramente que no es cuestión de dinero. El presupuesto 2013 para la UNA fue recortado y sé que las autoridades de la Alta Dirección estaban haciendo algunas gestiones para recuperar el recorte. Esto por una parte. En segundo lugar se habla del canon minero que siempre se recibió en nuestra universidad. La diferencia es que en el 2012 y 2013, la UNA recibe el 50% de lo que recibía y; la Universidad Nacional de Juliaca, el otro 50%. Este hecho nos lleva a concluir que antes había más dinero que ahora. Ese es el punto que hay que analizar para subrayar la decisión y voluntad de quienes lo han hecho en el año 2013 y su gran capacidad de gestión. No obstante la claridad de estos argumentos, es posible esperar todavía la presencia de otros detractores que tratarán de echarle a estas publicaciones el lodo de sus ojerizas personales o grupales. Verán algunos intereses subterráneos y hasta actos de corrupción que yo ignoro completamente, porque hablo solamente de la trascendencia de esta odisea. Pero, las obras hablan por sí mismas. Es probable (no estoy asegurando) encontrar alguna incorrección por la cantidad de obras que se han publicado; sin embargo, no opacarán el valor mismo de las obras ni la importancia de esta acción irrepetible (50 títulos de la Biblioteca Puneña y 173 resultados de investigación y textos universitarios de los docentes) y gran anuncio de completar la Biblioteca con otros 50 títulos. Todo lo que piensa y hace el hombre es susceptible de perfeccionarse. Pero, ahora estamos enfocados en lo que tenemos a la mano: libros publicados que consolidan nuestra identidad cultural y divulgan nuestros saberes o los estudios acerca de nuestros saberes. Se trata, pues, de una acción sin precedentes en la historia de la universidad peruana. Ojalá que la UNA prosiga con esta política cultural, quizá no en la medida que ahora se ha hecho, pero, vamos para adelante. Con la presencia de Lucio Ávila, Germán Yábar y Edgardo Pineda confiamos en que así se hará. Y no dudamos que los futuros rectores y vicerrectores que releven a las autoridades actuales, también lo hagan, porque hay una ruta trazada con amor a Puno y a la Universidad Nacional del Altiplano.

viernes, 4 de octubre de 2013


En los últimos años he guardado silencio, un mutis sobre el Proyecto Curricular Regional, el silencio es a veces una condena y a ratos una buena aliada. El tiempo me ha dado el argumento suficiente para tener una idea clara sobre los bemoles que este proyecto a traído consigo. Muchos de los que al inicio se opusieron tenazmente han salido con los dientes afilados a coger la presa que se resbalaba de la mesa de los llamados al banquete (no puedo negar que al principio fui invitado; no nos hagamos, participé de ella, y como prueba suficiente está ese libro que fue publicado con el logo del Ministerio de Educación, la DREP y CARE - Perú), armamos varios talleres y nos reunimos en la Escuela de Post Grado de la UNA-P, recuerdo que participé en dos mesas paralelamente (en la de Comunicación y en la de Historia), tuvimos discusiones fuertes e insalvables con Bladimiro Centeno y con René Calsín, y lo curioso es que no recuerdo la participación de Saúl Bermejo y tampoco de mi amigo Walter Paz (quien se unió mucho después) y que una vez incorporado alardeaba ser consultor de CARE, y valgan verdades Edmundo Cordero actuaba de facilitador (pero nos facilitaba los materiales de escritorio y en muchas veces hizo de buen conductor, por lo que le estoy sumamente agradecido) y lo curioso es que cuando trabajamos las mallas (Walter donde estabas, ¿acaso esperando que nosotros los pobrecitos pongos trabajemos para sistematizar todo eso?) Esos "muchos" pensaron que las consultorías de CARE pagaban bien, y más porque el tema de la interculturalidad empezaba a venderse más y se ponía de moda... lo curioso es que (Y NO LO DIGO DE BROMA) en Puno nos conocemos, el infierno es pequeño, los enemigos numero uno del PCR ahora se han comprado el pleito de defender supuestamente el discurso crítico que escondía, el problema es que nunca fueron críticos, que nunca aportaron nada, porque no tenían formación para hacerlo, vieron los convenios de la DREP y el Gobierno Regional presidido de Hernán Fuentes y el dinero de CARE para desarrollar segundas especialidades. Y ahí empezó todo, los grupos aparecieron, todo se quebró "PODEROSO CABALLERO ES DON DINERO" todos eran especialistas, todos quisieron que se les den cursos, "APARECIERON LOS DESAPARECIDOS" "LOS CURRICULISTAS CON ENFOQUE INTERCULTURAL" "LOS ESPECIALISTAS EN EVALUACIÓN INTERCULTURAL" "LOS ESPECIALISTAS EN TRATAMIENTO DE LENGUAS" (obviamente cuando se trata de eso nadie reúne los requisitos, perdonen la sinceridad... veía que mientras les daban cursos y les giraban los cheques todos se ponían las camisetas del PCR; pero si no les daban cursos, los ataques iniciaban de inmediato, se usaban los medios de comunicación, los diarios para legitimar sus discursos - buena estrategia, así lo hizo Saúl Bermejo, que hasta publicó un libro ramplón sobre educación intercultural con presupuestos del 60- Saúl disculpa que te diga esto, desde que te graduaste de Dr. haz dejado de leer y aun crees que tienes los presupuestos teóricos suficientes para polemizar, mejor harías si con el dinero que ganas ahora - lo digo con envídia- te compraras libros y te dieras tiempo para leerlos y quizá así bajes de tu nube, en eso Walter Paz te supera mucho; pero su gran defecto es creerse un "todólogo", "un especialista en todo" y claro ese ego formidable que no le permite ver esa espinilla que le cubre los ojos, si pues Walter, como te aprecio mucho te digo las cosas de este modo, tu ego te ha deslegitimado en el magisterio, ese afán tuyo de creer que eres superior a todos, no te das cuenta que solo nosotros, que somos tus amigos, somos los únicos que te soportamos, claro hay intereses de por medio "nos prestas libros", incluso yo mismo me he aprovechado, y te lo agradezco). Bueno, los opositores, como mi amigo Simón, ahora defienden a capa y espada el PCR, eso es bueno; lo hacen también Edmundo, porque de facilitador pasó a ser Gerente de desarrollo social y utilizó al PCR como su carta de presentación, en los cursos que les dan a los maestros cada vacaciones sus "especialistas" no saben lo que dicen, como ocurre ahora con los PRONACAPs, hay gente que habla de Investigación Acción y no saben ni en qué consiste. "Lo digo Yo, y tengo nombre, y lo digo sabiendo que CARE me pagó por hacer un libro y como me pagaron por hacer varias consultorías sobre temas de investigación y no tengo necesidad de ocultarlo, de negarlo, y de atacar a CARE o a la DREP, o al Gobierno Regional, cada vez que no me dan empleo o escribir sendas defensas en los medios locales (obviamente pagadas como lo hace Lucho Vilcatoma)"... porsiacaso sin alusiones personales, creo que no puedo ser más directo. tampoco he tenido la necesidad de vender la imagen de ser el gran abanderado del PCR y buscarme contactos en otras regiones y hacer calco y copia en ellas y fungir de gran conocedor... o venderlo a un proyecto de un grupo político y buscarse un puestito de confianza política, porque si se quiere que este proyecto sea de Puno, el interés debe ser del maestro de a pie, del maestro de "pampa" como se dice... porque deben recordar que se trata de un proyecto de reivindicación crítica, amparado bajo el espíritu descolonizador de los imaginarios sociales. (¿o acaso se olvidaron de eso?). Como hablar del PCR trae recursos consigo ahora todos son sus abanderados, sus victimas y sus victimarios... echaron a perder la oportunidad de lograr cambios efectivos en la educación regional por sus apetitos de ramplonería personal. Existía la necesidad de contar con textos de historia, geografía, medicina, antropología, sociología, literaturas regionales... los maestros se quejaban de dicha ausencia, manifestaban que no podía siquiera articularse un plan lector regional por estas carencias... la Universidad Nacional del Altiplano, se compró el pleito, ahí están los libros de la Biblioteca Puneña. Ahora ¿dónde están sus lectores? ¿dónde los planes lectores? ahí se hallan los contenidos que deben devolvernos la puneñidad... NO ME DIGAN QUE SEGUIRÁN PENSANDO EN SUS VORACES BOLSILLOS...

I Se elogia el nombre de la Amada Tu nombre fue un tibio cristal de madrugadas Venías, hornalla, sonando, desde la garaganta del arroyo. Te vertiste como la leche dulce – Sonrisas solares - hasta atenuar mi gesto, ¡copo de nieve! ¡pluma suave! ¡trino auroral! Ya confundo mi grito, atestado de voces, en tu rosa mejilla, adormida en amor, dulcemente engreida en mis fogatas… muñeca de ojo asiático, trigueña de Inti; te besamos, tierna mama, caricia de tu pulpa reclinada en mi músculo… ¡Brunilda: sorbo tu nombre desnudo, bañado en rocíos empapado en canciones! (este poema pertenece a INTERLUDIO BRUNILDICO de Gamaliel Churata)abajo reproduzco la nota con la que iba acompañado: Creo que al hablar de arte americano decir que no somos originales equivale a decir que no hemos encontrado el lenguaje que traduzca en fórmulas estéticas el contenido espiritual de América; esa fuerte emoción panteísta que, avasalladora y dominante, se impone desde el paisaje andino. Creo, incluso, que hablar de paisaje andino es un error léxico, y estrictamente, no es lícito. No podemos hablar de paisaje, con referencia al mundo americano, ni en sentido pictórico ni como interpretación del medio ambiente, ya que el paisaje surge como una forma característica de lo objetivo correlativamente a una determinada posición del intérprete. El paisaje es, pues, actitud vital, valorable sólo por quienes pueden proyectarse. Es situación en la que inciden los haces luminosos que hacen posible la comprensión total de lo interpretado, vale decir la VIVENCIA, acudiendo al léxico filosófico de la estética alemana. Lo inicial para vivir lo objetivo como paisaje es, pues, estar situado, y esto es lo que falta en América. Esta actitud vital no se ha precisado para el hombre andino. No hemos conseguido adoptar la posición conveniente para la vivencia de nuestro mundo particular. En otros términos, no estamos situados frente a lo cósmico. Esta carencia de actitud, dice tanto como desequilibrio entre psiquis y naturaleza; falta de correspondencia entre léxico y paisaje: en definitiva, total ausencia de espíritu. Acaso no sea posible para el hombre americano (refiérome al colla y quechua mestizos encasillados en la cultura de occidente) situar lo vital dentro de lo cósmico en la misma manera que lo han hecho los hombres de otras razas y de otras culturas, pero, faltamente, lo vital y lo cósmico americano deben mantener relaciones, deben mantener relaciones; deben existir entre ellos especiales nexos de correspondencia que no podemos aun precisarlos, siendo lo único efectivo por ahora, que nosotros IGNOREMOS DONDE COMIENZA EL HOMBRE Y DONDE CONCLUYE EL PAISAJE. Esta de momento aventurada afirmación pretende llevar implícita la solución de muchos problemas culturales, psicológicos y políticos, atribuyendo nuestra falta de contextura espiritual a un dislocamiento entre el cosmos y la vida. Aquellos de que vemos el paisaje deformado por lentes ajenos llegados de ultramar viene a ser un postulado axiomático para la solución del problema de nuestra cultura, acaso, sea preciso volver a asegurar que cada paisaje tiene sus líneas de enfocamiento que le corresponden sustantivamente. Dicho esto no parecerá extraño interpretar los poemas de Churata como paisajes verbales, donde el cosmos balbucea y la tierra dice su palabra ordenadora. Ha desaparecido el poeta en sentido clásico. Ha desparecido como intérprete transmutador de valores y solo vive como energía cósmica. La frase por é dicha es la que llega desde la soledad de la puna, por boca del viento, arrugada en el entrecejo del picacho, estrangulada por la garganta del abismo. Es la frase pura, lavada por el arroyo, dada a secar al sol y que surge limpia, mañanera, depurada, nuevamente vivida. Así por el despojo, por un renunciamiento heroico a todo lo cultural extraño, como hace Gamaliel Churata, se puede llegar a lo propio, a lo sustantivamente americano. Barbarie y primitivismo? No. Simplemente poemas que parecen dichos en el primer día del génesis de la palabra; cuando los vocablos claman por la realización de la forma e intactos de virginidad traducen un estupor mañanero de ojos deslumbrados. Poemas que son como un desgarramiento viril de la entraña cósmica; como el grito anunciador de una desfloración propicia al germen de las nuevas formas en el dominio del espíritu. A.D.D. 27 de abril de 1931.

jueves, 3 de octubre de 2013

TESTIMONIO PERSONAL SOBRE LA GESTACIÓN DE LA BIBLIOTECA PUNEÑA

Henry Noé Esteba Flores En 1997 yo asistía voluntariamente a las clases de Literatura y Gramática y algo de Filosofía de la UNA-P, la Universidad tenía fama de tener profesores de estatura como Feliciano Padilla, Juan Luis Cáceres, Jorge Flórez y Sonia Benavente. Mi afición por la literatura me llevó a esas aulas, yo coleccionaba libros de literatura y otros documentos vinculados a Puno. Llegué a hacer varios amigos, con los años, sus maestros también me brindaron su amistad, en diversas actividades culturales me vinculé con la bohemia de los estudiantes de la especialidad de Lengua y Literatura, que por cierto no fueron muchas; no creo que se hayan formado muchos alumnos sobresalientes cuyos nombres se recuerden, a decir verdad muy pocos, hoy sus nombres no llegarían a ocupar dos líneas y sobre sus profesores tampoco quedan muchos, con los años también se han ido cayendo poco a poco, ya por su inconstancia, por su pedestal inmerecido y otras actitudes que la vanidad ha procurado para con ellos. Con un grupo entre quienes se encontraban José Luis Velásquez Garambel, William Samuel Ayma Flores, Alex Dennis Mamani Laurente y quien escribe, durante varios años rendimos culto a Gamaliel Churata, organizábamos la visita a su tumba; así como: conferencias, recitales, hasta que alguna vez el grupo se incrementó tanto que sobrepasó en número lo que habíamos previsto; Churata era nuestra bandera, nuestras actividades giraban en torno a los Orkopata, luego el grupo tuvo que dividirse. Mientras dejé que digitalizaran el Teatro de Inocencio Mamani, viajé a la Argentina por motivos familiares, luego laborales; hasta que a mi vuelta por Bolivia, nuestra ciudad y luego a Lima, por cuasi las mismas peripecias. La vida no es fácil para nadie, el mérito quizá se halle en el rostro que cada quien le imprime a las adversidades. En 1992 había conocido a Edy Oliver Sayritupac y la amistad de Walter Paz; así como el poemario en mimeógrafo de Samuel Bravo y el rojizo Desatando Penas de Simón Rodríguez Cruz y luego vino la cercanía con los poetas de fines de siglo que tuvo su lazo con Luis Pacho, Víctor Villegas, Rafael Vallenas y otros. “Puno se ha convertido en el epicentro cultural más importante del Perú, en la cumbre literaria y cultural” como dice Ricardo Gonzáles Vigil, se han fortalecido también los vínculos con Omar Aramayo, José Luis Ayala, Hernán Cornejo-Rosselló; cada quien tiene su propio temperamento y al final las diferencias no cuentan, solo importa el amor a Puno, todo por Puno y la labor y el trabajo que ellos desarrollan engrandecen a Puno, ese es el aprendizaje que nos legan. He sido testigo y parte del impulso, del trabajo que se ha emprendido para poder publicar “la Biblioteca Puneña”, durante varias horas, durante varios años cada quien armó su posible relación de autores y de obras que serían imprescindibles para los puneños (y también de los libros que todo puneño no debe leer), sé de los esfuerzos conjuntos de José Luis Velásquez y Omar Aramayo por crear un fondo editorial, ya con el Ministerio de Educación, con el Gobierno Regional, el Municipio de Puno, todos sus esfuerzos calaron en fracasos. No harán dos años que nos reunimos con José Luis y amalgamamos un nuevo proyecto, con las bases de los anteriores, pulimos los alcances y lo presentamos a la Oficina de Proyección Social de la UNA-P, nos recibió Sofía Benavente Fernández (entonces jefa de esa dependencia), lo derivó a Rectorado. Poco antes José Luis ocupó un cargo político en la Municipalidad de Puno, no pudo con la mentalidad gris y vacía de las autoridades, con la corrupción del entorno y tuvo que salir; el ambiente no era propicio para un proyecto de esta naturaleza, a nadie en ese recinto le importa Puno, la cultura no existe y no es prioridad para esta gestión. A pesar que peleó por un presupuesto para “los famosos munilibros” junto a José Calisaya Mamani, el esfuerzo no prosperó, José Luis renunció al cargo con una carta decorosa para él, nunca le han gustado las medias tintas y menos se habría coludido con la corrupción, hubo quien se aprovechó del proyecto y lo hizo ejecutar, el presupuesto se echó a perder, solo sacaron “mini libros” en todo el sentido, se hicieron remedos; el futuro juzgará sobre los gastos y el enorme presupuesto que los responsables tenían a cargo. Jorge Florez-Áybar tenía un proyecto que consistía en publicar un “libro jubilar” dedicado a la Universidad, convocó a varios escritores para que escribieran artículos para el citado texto, era un proyecto pequeño, cuando hablamos con él sobre la edición de una biblioteca entera dijo que era sobrehumano, que no se podía hacer, que era imposible; pero ahí están los libros y Jorge Flórez brindó el respaldo, ganó el proyecto de la Biblioteca Puneña, Florez-Áybar no podía creerlo, más cuando José Luis explicó y expuso los fines de una publicación de tal envergadura ante el Dr. Lucio Ávila (Rector de la UNA-P) quien lo propuso ante el Consejo Universitario y se compró el pleito, el Rector peleó contra pequeños tirios y miniaturas de troyanos para impulsar este proyecto que hoy se ha hecho real, él se ha convertido en la cabeza de este esfuerzo, sin su decisión y su permanente apoyo no se habría materializado y seguiría siendo un proyecto. Pero qué se puede esperar de un hombre que ama Puno, que piensa y respira Puno, ahí están los concursos de estudiantinas en los que participan cada facultad (con sus maestros, alumnos y administrativos), el concurso de Sikuris, los reconocimientos a los intelectuales e investigadores de la región, de alguien que ha impuesto una cultura de la identidad a fuerza de carácter y temperamento en la Universidad. Que con una visión moderna ha reconstruido y construido la infraestructura del campus; pero no todo es rosa ni clavel, si pudiera él hacer que los maestros universitarios vayan acorde con su ritmo el asunto sería formidable; la cosa no es tanto así, los profesores aún no están contagiados de este espíritu superior de “generar cultura y cambio”, no soñemos tanto, no todo es perfecto, estos esfuerzos sí son sobrehumanos y nosotros apenas viviremos tan pocos años y quizá no veamos tales cambios que habrían hecho de Caín un angelito y ni qué decir del ámbito administrativo que se ha convertido en el Caifás de la historia (con claras excepciones). Es verdad, hay que juzgar a José Luis Velásquez y hay que condenarlo por haber elegido a las personas con las que se trabajó “la Biblioteca Puneña”, equipo que según Omar Aramayo “cualquier universidad quisiera contar para acreditarse”, todos egresados de la UNA-P, incluso yo, que provengo de las canteras del Pedagógico Público de Puno y que estudié una maestría en la UNA-P. (y lo digo sin modestia), un equipo conformado por Moisés Bustincio Cahui (editor gráfico y motor de la responsabilidad en el equipo, a quien se le tuvo que interrumpir sus vacaciones hasta el día de hoy, porque como él no existe otro editor gráfico en toda la Universidad), Yemira Maguiña Cutipa (digitalizadora y correctora), Armando Villanueva Turpo (digitalizador), Yessenia Ancco Almonte (digitalizadora), Julia Chávez (apoyo), Luis Rodríguez Limachi (apoyo), Henry Velásquez (apoyo), Danitza Churata (apoyo), Walter Díaz Montenegro (digitalizador y corrector) y Juan Condori Chambi (apoyo) y quien escribe estas líneas como digitalizador y corrector (alguna vez como jefe del equipo de digitalización, que fui defenestrado por Jorge Flórez, seguramente por un desaire) y claro con José Luis Velásquez Garambel como editor y coordinador general (quien además cargó con el estrés y sufrió los embates de este peso, no son pocos los dos pre infartos y la parálisis de medio cuerpo que sufrió en la ruta; pero “mala yerba no muere”, así que tiene para rato, para disgusto de muchos que ya lo quisieran ver seis metros bajo tierra), Jorge Flórez-Áybar como presidente de comisión (más terco que nunca) y ahí está la Biblioteca Puneña. Las críticas pueden ser varias; pero nunca se pondrá en tela de juicio nuestro esfuerzo, que tuvimos que batallar contra las inclemencias de la administración que nos impuso limitaciones y que ya casi al final recién se nos facilitaron los equipos necesarios (como computadoras y escanners y que el mismo Rector nos prestó el suyo para que podamos cumplir con los objetivos), tampoco la dedicación y las horas empeñadas, ni los escasos recursos que tuvimos, menos la delicadeza ni el rigor con que trabajamos, tampoco la honradez ni la ética con que cumplimos al tratar el trabajo de estos autores a quienes Puno les debe su grandeza. Creo que las expectativas han sido cumplidas (el futuro nos juzgará por esto), se han recuperado textos muy valiosos como: el diccionario de Ludovico Bertonio, La visita hecha a la provincia de Chucuito de Garci Diez de San Miguel, el Pez de Oro (en facsímil), narradores del Orkopata, poesía de vanguardia, la Monografía del departamento de Puno, Puno Histórico. 50 libros resultan innumerables, y son la primera tanda de esta Biblioteca. Ojalá estos libros hallen a sus lectores, sean asequibles al público común, a lectores impenitentes ávidos de cambio y responsabilidad social. Quien no lea estos libros se habrá privado del legado de los hombres que hicieron de este espacio una tierra de pensamiento y de luz, no podrá hablar de Puno, no podrá considerarse puneño, porque en esta biblioteca se hallan las fuentes de nuestra identidad y de nuestro orgullo y por qué no decirlo, también el futuro. Tomado del diario Los Andes (25/08/2013)